Ya iba siendo hora de volver…

Ya iba siendo hora de volver…

Una vez, hace mucho tiempo, cuando yo era joven y tonta (ahora soy menos joven), tenía un blog. En ese blog yo escribía cosas que me pasaban, si bien a veces parecía que me las inventaba porque las notas surrealistas que puede alcanzar un día de mi vida no son facilmente asimilables para el común de los mortales. Pues resulta que hoy estaba yo sentada en mi mini litera de la cuarta habitación de albergue de esta semana cuando una punzada en la espalda sugirió que debería incorporarme un poco. Se me olvidó tener en cuenta al armazón metálico que hay sobre mi cabeza sujetando la litera de Sole.  Pum. Un golpe seco, pero contundente y de repente se me ocurrió que podría volver a escribir. Si ya se veía venir, con la cantidad de porrazos que me doy a diario alguno tenía que dejarme tonta.

En fin, que cuento todo esto para que enténdais porque estoy aquí (sentada en la misma litera y golpeandome esporádicamente con el mismo armazón metálico), reanudando un blog que lleva varios meses cerrado por pereza (soy vaga hasta para inventarme una excusa).  Y no es que en esos meses no haya pasado nada, algún día en un ataque de nostalgia pondré el blog en modo retroactivo y contaré mi experiencia como reencarnación de Willy Fogg (Phileas para los más cultos): Finlandia, segundo semestre en Noruega, Austria, Alemania, Francia e Inglaterra. Sí, todo eso me queda por escribir…¿sabéis cuántos miles, miles y miles de palabras puedo soltar yo con eso? Temblad, malditos, temblad. Juas juas juas juas (risa de malo malísimo, de villano de Batman por lo menos, por si no lo habéis pillado).

Así que ahora estoy lista para meterle mano a la aventura dublinesa. Sí, ahora he pensado en venirme a Irlanda. A ver, lo normal, una piensa: he terminado la carrera, voy a irme un país dónde haya casi tanto paro como en España pero donde la vida sea un poco más cara. Y aquí estoy, en Dublín, una ciudad dónde el termómetro marca 12ºC pero la sensación térmica marca un «hace un viento húmedo y asesino de esos que hace que  hasta en la foto del DNI se te caiga el moquillo».  Pero no os preocupéis, que al menos vengo con una beca que me da para pagar mi habitación compartida de 1’5 m2 y aún me sobra para media Guinnes. Genial, ¿verdad?  Venga, quitadme esas caras de envidia, que seguro que algún día también enconraréis un chollazo de estos…

Por si alguno se ha perdido, voy a empezar por el principio con mi historia gaélica.

[Antes de seguir, aclaro que me quejo mucho porque si no me quejo no es divertido. Quejarse mola. Y además, me he ganado todo el derecho a hacerlo…]

Un buen día, Sole me propuso solicitar una beca para el Instituto Cervantes, y a mi se me ocurrió pensar tres cosas: voy a aprender mucho, voy a plantar una línea muy cuca en mi currículum, y voy a mejorar mi inglés de «whachyurneim». Allá vamos. Me encantaría decir que fue así de sencillo, pero tengo por costumbre mentir lo menos posible porque me pillan siempre y queda feo…también me gustaría contar todos nuestros problemas pero o resumo mucho muchísimo contando problemas o esto se me va de las manos (bueno, eso va a pasar de todos modos…). Lo dicho, resumiendo, nos llevó de mayo a finales de septiembre conseguir 4 puñeteras firmas ( algunos/as entenderán porqué cuando diga que el tema nos lo llevaba Mercedes…sí, esa). Y un par de semanitas antes del vuelo, cuando conseguimos por fin la última firma, nos enteramos que se dice se comenta se rumorea que a lo mejor no podemos irnos. Y esto es lo que pensamos en esos momentos:

Efectivamente, que queríamos derramar sangre fresca…VENDETTA! Pero en realidad somos personas civilizadas y estamos llenas de recursos para solucionar contratiempos, así que ejecutamos nuestro plan maestro: esperar a que las cosas se arreglaran solas. Y aquí estamos. 😀

Ahora viene la historia de la casi no llegada a Dublín y de una primera semana en la que me he sentido medio perroflauta, medio chivo expiatorio de un destino cabreado y cruel. Pero eso requiere capítulo aparte. Creo que lo llamaré DESESPERACIÓN.

ero

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