Su suerte no se encuentra disponible temporalmente, por favor, inténtelo de nuevo más tarde…

Su suerte no se encuentra disponible temporalmente, por favor, inténtelo de nuevo más tarde…

Voy a empezar con una buena noticia: he estado casi tres días sin Internet y aquí estoy, viva y sin episodios aparentes de ataques de ansiedad o depresión: ¡estoy superando mi adicción! Lo curioso es que funcionaba en todos los dispositivos que hay en la casa (que son unos cuántos cientos entre ordenadores, móviles y psp) salvo en mi ordenador y mi móvil. Llamadme paranoica egocéntrica si queréis pero que conste que el universo conspira contra mí…

No, no lo digo sólo por lo de que Internet no funcione, que al fin y al cabo cuentan las leyendas que es algo que han sufrido otros antes que yo, es que desde que cogimos el autobús a Madrid (primera etapa de nuestro viaje dublinés) todo ha sido…umm…cómo llamarlo…¿surrealista, absurdo, estúpido, difícil, anecdótico, criminal? Criminal, eso es…

First step. El autobús.

Como gente de clase media-baja que somos (con orgullo, ya que sin dinero…) tuvimos que comprar el vuelo que más convenía a nuestros bolsillos, lo cual implicaba entre otras cosas volar desde Madrid con una compañía de la que no habíamos oído hablar en la vida y cuyo logo es un trébol verde (que dicen que dan suerte…¡ja!). Llegar hasta el aeropuerto de Madrid era en teoría un viaje simple, coger un bus directo nocturno (ZZZzzzzzZZZZzzzzz) y luego un par de metros, pero sobradas de tiempo. Nada que  para dos chicas espabiladas como nosotras resulte problemático. Así que me subo en el bus en Granada mientras Sole hace lo propio en Málaga y me dispongo a dormir. Ilusa…por algún don divino especial que me ha sido concedido (sin haber sido pedido jamás), cualquier asiento de tren/ bus/ metro/ avión/ barco que yo escoja estará siempre rodeado de críos llorones o adolescentes escandalosos.  En algún momento los teenagers de mi alrededor se quedan dormidos y empiezo a acunarme alegremente en los brazos del sueño, dulce, cálido, mágico sueño….RRRRIIIIIIIIINGGGGG RRRRIIIIIIINGGGGG….Yes, así suena mi teléfono:

– Sole: que mi autobús se ha roto, que estamos parados en Jaén, que no llego a Madrid a tiempo para coger el vuelo.

– Nieves (apretando los ojos muy fuerte): estoy soñando, estoy soñando, estoy soñando, estoy soñando, estoy soñando…

– Sole: que se le ha roto algo y que primero tiene que venir el mecánico y arreglarlo, y si no puede, tienen que pedir otro autobús.

– Nieves (auto-pellizco retorcido): ¡aaay! Pues no, parece ser que no era un sueño.

Miro retorcidamente a la pulsera que llevo en la muñeca y que me regalaron mis amigos antes de salir (lleva muchas piedrecitas amuleto y un trébol) y compruebo si tiene algún botón de on/off que se me haya olvidado pulsar, porque suerte suerte lo que se dice suerte no estamos teniendo…Cómo no le encuentro el botoncito me concentro en el problema y en una de esas típicas conversaciones en las que no sabes si reírte , llorar o hacer una carnicería acordamos que me llamase cuando supiera algo. Ese algo es que se ha subido en un bus que pasaba de copiloto ilegal y que llega “a tiempo”. Yujuuuu. Si es que en el fondo somos unas afortunadas…

Ya no queda más que correr de metro en metro (y atascar una maleta por el camino, tener que pedirle unas llaves especiales a un guardia para que la saque, seguir corriendo por escaleras mecánicas con dos maletas, que un señor tenga que ayudarte con ellas para que no rodéis todos, hacer transbordo con otro metro que llega a la vez que tú…lo típico).

Step 2. Dublín, allá vamos. Si podemos.

Después de unos 30 minutos reordenando maletas conseguimos ajustar el peso y el tamaño y facturar (“¡me sobra medio kilo!”, “pues aquí a mi me falta pero no cabe en el de cabina”, “¿y con el saco de dormir qué hago?” “¿el ordenador lo puedo llevar fuera que dentro no cabe?” “¡tira ya el calabacín que pesa medio kilo!” “¡que no, que es de la huerta de mi papi y me lo pienso comer en Dublín, que seguro que no hay!”. Efectivamente, aquí no hay. ¬¬).

Así que ya solo queda correr a la puerta de embarque y pasar los controles. Una vez pasado, respiramos con calma y con la sensación de que ya ha pasado todo lo peor, confiadas en la absurda superstición de que ya estamos en territorio internacional y a partir de ahí solo puede ir a mejor. Y entonces viene la gran pregunta:  “Sole, ¿tú has visto mi tarjeta de embarque?” No, resulta que no la había visto. Ni yo. Ni los guardias. Oh, oh. Después de movilizar a varios vigilantes, revisar un número considerable de bandejitas de esas donde tienes que dejar tus cosas metálicas y de haberme planteado llorar y patalear varias veces, aparece una guardia con una halo luminoso de salvadora y me entrega mi tarjeta de embarque, que alguien se la había llevado al recoger las bandejitas. Controlo mis impulsos de abrazarle y decirle que la quiero y vamos a subirnos al avión, eso sí, después de un desayuno de esos que te sientan mal desde el momento en el que lo pagas…

A partir de aquí todo parece ser normal, salvando el hecho de que decidieron que tenían que guardar nuestras maletas en el garaje, pero me dejé dentro el bolso con todo, incluida  la tarjeta y el móvil encendido y tuve que hacer bajar a un señor azafato a buscarlo).

First 3. Dublin, aquí estamos.

Llueve. Aunque bueno, es Dublín, tampoco es que sea una sorpresa. Aeropuerto, Bus, O’ Connell, Spire (el Spire, para quién no lo sepa, es una especie de pincho gordo de 120 m. de alto, ya pondré fotito un día), Albergue. Pizza. Albergue. Nuestra primera semana, dejando el trabajo aparte, podría resumirse con esa palabra…Ya veréis porqué, ya…

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3 comentarios sobre “Su suerte no se encuentra disponible temporalmente, por favor, inténtelo de nuevo más tarde…

  1. jeje, en realidad es todo una aventura. Sin estos incidentes qué sería un viaje? jejeeje. dan adrenalina y emoción!! jajajaja. Besotes!! a espera de que continúes.

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