El día que casi me muero de pija

El día que casi me muero de pija

Hello World!

Para los que lo habéis pillado (sí, tú y tú, frikazos 😛 ) empiezo con esta entradilla porque con el tiempo que llevo sin escribir en el blog es casi como empezar de cero, así que mejor iniciar con algo sencillico.

Una de las cosas que me he prometido es ceñirme a los hechos de un día que luego me lío me lío y quiero contar todo lo que me ha pasado en el último año y medio y me enrrollo como una persiana veneciana (sí, esas que después de tantos años de intercambio cultural aún no han llegado a UK. Esas típicas que se enrrollan hacia arriba y evitan que te entre el sol a las 5 de la mañana. Ésas, y las menciono casualmente, no porque me haya acordado de ellas al despertarme hoy a las 7 -.- ). Bueno, para que no se me vaya de las manos he decidido resumir 10 meses con una imagen. Estoy segura de que muchos me entenderéis a la primera 😀 . Y los demás…esto..preguntadme en privado.
Lora the eplotadora

Una imagen de http://trestristestrolls.tumblr.com/ que vale más que 1000 palabras. Y así me ahorro escribirlas y vosotros leerlas.

Y ahora que ya os he contado mi vida vamos a los hechos en cuestión: los hechos del día que fui tan pija que empecé a darme autogrimilla. Para que no penséis que me ha tocado la lotería (que no me toca porque tengo muy mala suerte, o bueno, algún detalle irrelevante más como el no haber comprado en la vida..) o que me he convertido en Princesa por sorpresa 3 (qué duro que algunas pelis lleguen a tener secuela…) os pongo un pelín de contexto. Resulta que mis amigas y compis de explot…perdón, de profesión, vamos almacenando nuestras propinas en una caja de cartón (porque la que tiene clase, tiene clase…) y cuando tenemos una cantidad considerable nos la fundimos en experiencias y/o alcohol. Porque estamos en Escocia y hay que integrarse, oye. Trabajando en un hotel de postín categoría ‘osea somos lo más’ te imaginas que con las propinas te harán rica y vestirás de Givenchy. Después de unos meses te das cuenta que aún llevas bragas del Primark y eres fan de la hamburguesa + bebida por 5 libras del Lloyds. La parte buena es que somos tres recolectando propinas, y además somos encantadoras, modestia aparte pero lo somos, así que cada x tiempo nos da para dedicarnos un día a nosotras, el Tip’s day.

El Tip’s day nos ha llevado a vivir experiencias como el Fresh to Death (quien quiera saber más que se pase un jueves por el Candy Bar) o a las entrañas de las mazmorras de Edimburgo (donde surcamos las oscuras aguas subterráneas durante 14 segundos en un barco a unos 37 METROS por hora…uuuuh, qué excitante). Y ayer nos llevó a ser superosea por un día. Tan superosea que esta mañana me he levantado con ganas de ponerme unos náuticos y votar al PP…menos mal que me esperan once horillas de trabajo para que se me quite la tontería. Si es que mi jefa en verdad es como una ONG…cuánto bien hace por mí.

El día en sí comenzó…bueno, me salto esta parte porque para mí comenzó trabajando y luego comiendo. No doy más detalles de esa parte porque no tiene suficiente clase como para aparecer en mi blog. Nuestra primera parada (a la cuál por supuestísimo llegamos en taxi, una lástima que le dierámos a George el día libre y no pudiera llevarnos en la limo) fue The Howard hotel, donde disfrutamos de una clase VIP sobre el chocolate. Decididimos acudir a este evento porque somos super cultas y estábamos profundamente interesadas en los orígenes del chocolate y su desarrollo histórico alrededor del mundo, lo aclaro porque muchos lectores malpensados estáis malpensando que estábamos allí porque te daban para probar 18 tipos de chocolate. Para que me creáis os cuento un par de hechos interesantes sobre el chocolate: ya lo tomaban los aztecas y los mayas, además lo tomaban como bebida super energética, fundamental antes de la batalla. Con el tiempo empezó a utlizarse el chocolate como moneda, lo cuál hizo que se convirtiera en una bebida elitista (consumida por las personas de mi status de aquel momento, of course). Colón pasó del chocolate porque se creía que las vainas de chocolate eran almendras (hablando de un tío que descubrió América porque quería llegar a la India, tampoco me sorprende tanto…) pero Hernando Cortés se hizo coleguilla de Moctezuma (aunque luego acabaron muy muy mal, para más detalles buscar La noche triste en Wikipedia) y se trajo chocolate para España: “Mira Mamá lo que te he traído, un souvenir de mi viaje”. Lo típico que hacemos todos. A la señora no le gustó porque amargaba pero como los españoles somos gente de recursos descubrimos que el chocolate mejoraba si le le echaba mucha azúcar. Sumadlo a la lista de grandes inventos españoles, entre el chupachú y el autogiro. En un afán de compartir el maravilloso nuevo manjar con otros pueblos [yep, sarcasmo], se decidió penar de muerte a cualquiera que lo exportara. Que te llevas un souvenir de chocolate, pues a bailar al extremo de la soga, ea.

¿Véis como aprendí un montón de cosas? Es que la clase la daban dos hipster muy graciosos que se echaban miradillas de enamorados y se reían como si estuvieran puestos de alguna hierba que no era albahaca, sobretodo ella, que también olvidaba cosas…la presión, supongo…

Cuando estábamos considerablemente llenas de chocolate (que los probamos todos menos uno que era para untártelo en las manos y que se te quedaran suaves…qué desperdicio…) nos plantaron delante un té y esto: Imagen

Que yo juraría que no estaba incluido en nuestra oferta, pero como nadie nos dijo que nos fuéramos, pues nos quedamos. Es la primera vez que vivo un Afternoon Tea desde el otro lado (normalmente soy yo la que sirve ese stand, no la que se lo merienda) y he entendido algo que me tenía martirizada…¿Por qué no se lo terminan todo? :O . Pues ya lo he entendido, al parecer el estómago no es infinito, llega un momento en el que dice que ya está, que si quieres más que vomites antes. O que te lo guardes en una caja, que es lo que hicimos, porque hemos aprendido en el hotel que llevarte un tupper a un restaurante es super cutre, pero pedir una caja para takeaway en un hotel es aceptable protocolarimente hablando.  El mundo de la gente rica es muy complejo, pobrets. El caso es que a mí nunca me había parecido que esas cosas llenaran tanto, pero debe ser que tienes más capacidad estomacal cuando no estás hinchada de chocolate. Eso, o porque están más buenos cuando son sobras y llevas horas mirándolos con gula y planificando el crimen…

Aquí empecé a sentir los síntomas de que me estaba muriendo de pija: me sentía igualito que Bart Simpson puesto de Fresisuis (a quién quiero engañar, yo sería Milhouse, pero en fin, los mismos síntomas). Para contrarrestar el subidón de azúcar nos fuimos de cócteles (sabiduría infinita…), que no era el día de beberse una pinta y eructar como un motero.  Eso sí, con cheese topped chips mojadas en ketchup, que teníamos el estómago casi vacío. Eso sí que tiene clase…

Imagen
No me preguntéis que lleva que mi memoria solo almacena 6 ingredientes a la vez…

Las horas siguientes pasaron agradablemente bebiendo estos cócteles a ritmo de Chayanne (¿es duro leerlo? Ja! Yo estaba allí :O . Eso sí que fue duro) y ojeando la nueva colección de Stella Mccartney (tiene Little Black Dresses preciosos por menos de 1300 libras. De nada chicas, me alegra haberos salvado para vuestro próximo evento social…).

Llegaron las 20.30, el plato fuerte. Llegamos al restaurante (en un ataque de vulgaridad nos desplazamos hasta allí andando, salvando los casi 10 minutos a pie) y ¡ostia qué fuerte! ¡Que el host nos sentó con la plebe! Menos mal que yo ya sé como hay que tratar a estos hosts y me levanté para decirle, educada pero firmemente, que nosotras teníamos reserva para el restaurante, no para la brasseria con el resto del vulgo chillón y resentido. Por un momento casi olvido lo que le estaba diciendo, fascinada como me tenía con su bigote daliniano…menos mal que sé mantener las formas y comportarme como una señorita. Se llevaron nuestras chaquetas (hemos llegado a la conclusión de que es para que no te escapes cuando te enseñan el menú…), nos retiraron la silla, nos sirvieron agua (la deben haber encontrado en Marte, según costaba…), nos pusieron la servilleta en el regazo (desdoblarla yo misma era demasiado esfuerzo para nuestras delicadas manos con la manicure recién hecha…), y nos enseñaron el menú y la carta de vinos. Suerte tenían de haberse llevado las chaquetas… -.- .

Yo tenía pensado mi discurso para impresionar al camarero, por si en algún momento se le había pasado por la mente cuestionarse algo como qué hace aquí esta catetilla que ha mojado el goat’s cheese maccaron en el souflé de courgette como si mojara galletas maría en el colacao del desayuno. “Perdone, quiero un Sauvignon Blanc, algo dry, no me gustan los blancos estilo Chardonnay, ¿qué me recomendarías?”. Entonces Alba nos comentó los precios y el discurso fue un humilde “éste de aquí”. Por cierto, te sirven un chorrito para que lo cates y le asientas, y entonces puede llenar la copa. Si no me lo dice Isa todavía estamos esperando a que nos sirvan el resto…

No me preguntéis que comí, pero me pasó algo que no me había pasado nunca: no me pude terminar el postre de chocolate…eso sí, tengo pensada mi reseña para trip advisor: “pues eran comidas muy bonitas con muchos colorines que te los tenías que comer todos a la vez, y eran muy pequeños pero pesados como si te estuvieras comiendo un ladrillo”. Lo sé, soy la sofisticación hecha persona.

Jo, hay muchas más cosas que me gustaría escribir de esta experiencia (típica experiencia de una vez en la vida…) pero es que esto ya es más largo que un día de boda en el hotel…así que para resumir os pondré una foto de las vistas desde el restaurante y os diré que por mucho que lo intentáramos nunca podríamos colar por gente super classy de verdad: nosotras nos reíamos.

 

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St. Andrew Square al anochecer
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