Día 4. Fuego en las entrañas

Día 4. Fuego en las entrañas

Cuarto día de comer y sudar en la ciudad isla país de Singapur, un día tan bueno como otro cualquiera para visitar nuestro tercer barrio «étnico»: Kampong Glam, un distrito malayo lleno de color (a pesar de que lo primero que vimos al bajar del autobús fue un edificio al más puro estilo Wayne Tower de Gotham).

Parkview Square, Singapur
Parkview Square en Singapur. ♪ NA NA NA NA NA NA NA NA NA NA NA NA NA NA BATMAN…♫ Foto de Tony Hisgett from Birmingham, UK (Parkview Square) [CC BY 2.0 ], via Wikimedia Commons
Caminamos hasta la mezquita Masjid Sultan, una preciosa vista desde el exterior a la que no pudimos entrar porque estábamos en pleno Ramadan y no es época de recibir turistas…Algo en mí se negaba a aceptar que de verdad estuviésemos en Ramadan, ya que justo a las puertas de la mezquita se asentaba un mercadillo con aromáticos manjares musulmanes…yo acababa de desayunar y aún así quería hincarle el diente a todo (menos al cordero, que no estoy tan loca…¡puaj!). No sé si es debido a que mi fuerza de voluntad más que de hierro es de mimbre, pero yo no podía concebir que durante un mes en el que no puedes probar bocado durante el día te planten un puesto de comida en la puerta de tu templo. Eso en mi pueblo se llama tortura, y en el resto del mundo escasa visión de negocio. A menos que su plan fuese quedarse allí hasta la puesta del sol y hacer el agosto cuando los musulmanes practicantes hambrientos que han estado oliendo esas delicias todo el día viniesen con la babilla colgando…

Nunca lo sabremos ya que abandonamos esa calle para dar una vueltecita por el resto del barrio y de camino a la parada de bus, un bus que nos llevaría a la Explanada o cerca, concretamente a las puertas de…¡sorprecha! ¡Un centro comercial!

Pateándonos un par de niveles llegamos a la conclusión de que ése no era un buen sitio para almorzar, partiendo de premisas como que en el baño se respiraba más glamour que en una alfombra roja o que los restaurantes no tuviesen carta pero apareciesen en Trip Advisor seguidos del simbolito de los cuatro $. Para quien no lo tenga claro, $$$$ se traduce como «Vade Retro, plebeya, aquí no entrarás con esa escuálida cartera». Venga, tira para el metro que aquí en esta zona de la vida no se nos ha perdido nada…

Una gran decisión, ya que al nivel del metro nos encontramos con nuestra fuente de alimentos favorita: un hawker centre. Voy a apostar fuerte y a asegurar que comimos chee chow cheong y tom yum kung. Que igual los nombres no son del todo correctos pero es que los anoté en mi móvil y…bueno, ya hablaremos de eso. Si no me equivoco, el tom yum es una sopa tailandesa que pica un poco…más o menos lo suficiente como para entrar en el ranking the las 10 comidas mas picantes en Singapur…Yo suelo tener una tolerancia alta al picante, pero amigos, una cosa es picante y otra cosa es que se te empiece a despellejar el esófago…Para compensar, el Padang cake del postre era dulce, delicioso y esponjoso como una nube si las nubes fueran de color verde charca…

Una vez recargado el estómago volvimos a ponernos en marcha hacia el teatro de la Esplanade, que es un edificio con forma de fruta, concretamente de Durian. Esa fruta tan deliciosa que no te permiten llevar en transporte publico porque apestas a la población y que ellos han decidido que es lo que mejor representa sus artes escénicas…Eh, que han sido ellos, no yo…

Nos sentamos dentro del Durian a ver un vídeo que proyectaban en la pantalla de la entrada (excusa oficial, la cruda realidad era que los pinreles echaban humo ya). La grabación daba unas pinceladas involuntarias de realidad sobre la sociedad singapuriense: que esta gente trabaja demasiado y que es difícil para sus habitantes el ser reconocido como tales (no como habitantes, entiéndase, sino como singapurienses) ya que al ser una mezcla de culturas no es fácil intentificar una idiosincrasia específica, propia del país. De hecho, uno de los participantes del vídeo (cantante o compositor) explicaba que sus primeros temas en Singlish (dialecto del inglés que se habla en Singapur) habían sido censurados. Sí, censurado como en censurar, como en haber una autoridad en el país que dice lo que se puede ver y lo que se puede escuchar y lo que no se puede ver o escuchar…Al parecer se han suavizado un poco en los últimos años con el tema pero aún así mantienen una categoría de no permitido (NAR o Not allowed for all ratings) para proteger a la población de cosas chunguísimas como volverte gay, que es lo más probable que pase si escuchas a Katy Perry diciendo que besó a una chica y le gustó …¿No os ha pasado o qué? ¿No os notáis más como invertidos pecadores desde que salió a la luz esa canción? Pues eso, los singapurienses estuvieron protegidos de ese terrible daño moral…

Y después de mi pullita anticensura continúo con la historia…ya sintiéndonos un poco más intelectuales subimos a ver qué ofrecía el teatro. Pues ofrecía, como no podía ser menos, un centro comercial…aparte de alguna que otra actuación (a fin de cuentas era un teatro) y una gran decepción…

Al subir a la segunda planta me di cuenta de que no llevaba encima el móvil, ese aparatito que había tenido en la mano unos 5 minutos antes y que ya no estaba donde tenía que estar…volvimos al lugar donde habíamos descansado y…¡tachan! Mi móvil de semana y media de edad había desaparecido. Y el truco de magia no era reversible: no volvió a aparecer jamás. Buscamos, desandamos nuestros pasos, hablamos con atención al cliente y objetos perdidos, lloré de rabia en unos jardines preciosos…pero nada. Mi pobre Moto G había pasado a otras manos, quizá más cuidadosas que las mías…Allá donde estés, espero que te mimen y te den los mejores fondos de pantalla…ay…

En lugar de dejar que un pequeño incidente por valor de 200 euros nos arruinara el día (creedme que no fue fácil), decidimos ir a los jardines de la bahía (Gardens by the Bay), uno de los platos fuertes de Singapur. Llegamos de noche (normal cuando eso pasa a las 6 de la tarde…) pero a pesar de la oscuridad o precisamente debido a ella el lugar resultaba impresionante: una enorme jungla-jardín con diferentes áreas y tipos de plantas y unas estructuras gigantescas de luz que recuerdan vagamente a una palmera, porque para qué plantar palmeras normales cuando puedes tener megapalmeras metálicas. Muy en el espíritu de Singapur, burro grande ande o no ande. Lo único malo de llegar a esas horas es que una de las cosas que más ilu me hacía ver, el Bosque de las Nubes (Cloud Forest) estaba cerrado…

Cloud Forest, Singapur
Cloud Forest. Razones para regresar a Singapur: ver esto y recuperar mi móvil… Foto By Basile Morin [CC BY-SA 4.0 ], from Wikimedia Commons
Que me imagino yo que el proceso de decisión de construir esta cosa debió de ser algo así:

  • Oficial: Pues mire señor alcalde, yo creo que ya tenemos todo lo más grande y brillante que se puede tener.
  • Señor alcalde (O presidente. No sé que se estila en las ciudades países, en la última que estuve lo que tenían era un Papa): Pero es que nuestros vecinos malayos tienen unas cataratas enormes y nosotros no…
  • Oficial: Es que en las ciudades no suele haber cataratas gigantes, señor alcalde…
  • Señor alcalde: ¿Ah, no? ¡Pues nosotros la tendremos! ¡Construiremos un edificio y dentro del edificio un bosque y en el bosque habrá una catarata y será la catarata interior más grande del mundo!
  • Oficial, apretando la gorra y sudando estrés: Pero señor presi (el oficial también estaba confundido con el título), es que dentro de un edificio no se pue-
  • Señor alcalde: ¡Catarata, he dicho!

Y de ahí el bosque de las nubes. Lo malo fue que nos perdimos eso, pero lo bueno fue que llegamos a la hora del espectáculo de música y luces en las palmeras electrónicas (lo dicho: les flipan las bombillitas a esta gente). Molt bonic, pero al parecer todavía se ven ellos cortos de shows de luz porque en Julio se inauguraba otro espectáculo lumínico en el zoo…

El resto de noche antes de volver a casa lo pasamos en esos jardines, a la luz de las palmeras y cenando en un hawker que había por allí, donde por fin me decidí a probar el famoso Milo, una bebida muy popular en Singapur. Viene a ser una Puleva de chocolate, que no está mal pero igual no es la bebida ideal para acompañar una Prata pakistaní con curry del «suave», de los que sólo te desintegran dos o tres papilas gustativas por cucharada…

De ahí al bus y a casa. En esta ciudad me vino de perlas mi habilidad para decidir la ruta más corta, desarrollada tras años de currante temporera, porque se ve que Google no ha cogido muchos buses en Singapur y nos mandaba a caminar 15 min para coger un bus que nos llevaría hasta una parada donde teníamos que coger el bus que iba a casa…parada que estaba a 5 min andando de nuestra posición…¿perdone, señor Maps?  Me fui muy orgullosa a dormir: hay gente que sabe cantar, pintar, escribir, bailar…y también hay gente que se vanagloria de saber leer un mapa de autobuses…

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2 comentarios sobre “Día 4. Fuego en las entrañas

  1. Madre mía que empacho de centros comerciales, hasta dentro de un teatro…
    De lo que más me gustaría de ese país sería poder probar tanta comida tan distinta a la nuestra. Yo también andaría por los Hawkers esos. Y estaba claro que allí había que comer algo picante, y que no iba a ser suave el picante precisamente… Yo no tengo mucho aguante pero lo comería igual.
    Por cierto, si que se lleva todo lo grande allí

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