Nuevo blog, viejas historias: durmiendo en el parque.

Nuevo blog, viejas historias: durmiendo en el parque.

He perdido alegremente cinco minutos de mi vida intentando darle un título a esta entrada y he decidido rendirme y dejarlo para después del café, cuando mis neuronas anden un poco más despiertas y sean capaces de englobar en un titular de qué quiero hablar…

Como algunos habréis notado, llevo unas semanitas sin actualizar (para los que llevéis siguiendo esto desde el comienzo unas semanitas no os parecerán nada al cuadrado) y quería explicar que no es que me haya vuelto vaga de repente (eso ha ido pasando paulatinamente a lo largo de mis taytantos años) o que se me haya curado la verborrea blogueril (en el cara a cara se me ocurren bastantes menos cosas que decir, yo es que soy de procesador lento…). Entonces ¿por qué no publico nada? Dos razones:

  1. Las migraciones siempre son complejas, y esto te lo cuenta una que piensa pagarse la jubilación con un best-seller basado en las memorias de sus inicios en Edimurgo, así que hacedme caso. En este caso la migración a la que me refiero ha sido mucho más tranquilita y no ha involucrado mafias albano kosovares, simplemente he cambiado el blog de dominio y plataforma para tener un poquito más de libertad a la hora de cambiar cositas (orgullosamente anuncio que ahora esta página debería verse en el idioma de vuestro navegador, y si no es así me tendré que comer dicho orgullo con patatas. Pido paciencia si algo no funciona). A pesar de haber sido relativamente sencillo (gracias a la gran ayuda de la gente de WordPress), el cambio ha tomado su tiempo y ha tenido sus costes: si seguíais el blog en https://aicyss.wordpress.com quizá tengáis que volver a seguirme en esta dirección…O no, no voy a forzar a nadie, mayormente porque no sé dónde vivís y ya he perdido mis contactos con las mafias mencionadas (nota para jueces: ESTO ES UN CHISTE). 
  2. He estado bastante ocupada, que ya sé que es la excusa barata por excelencia y por eso me he preparado dos, que lo sepáis. Pero aún así quiero aclarar que no es una excusa, sino la verdad, solamente la verdad, y nada más que la verdad con una mijilla de exageración andaluza. En estos días sin publicar, además de por el cambio de plataforma, he pasado por un proceso de selección de trabajo, unos cuantos cumpleaños/ cenas navideñas, una de mis semanas más moviditas en el curro y una noche durmiendo en la calle. Y si pensábais que os íbais a librar de mí contando la experiencia la lleváis clara, majos.  

Antes de empezar, una pequeña aclaración: aunque haga chistes (malos) y hable de ésto con tonitos ligeros, lo hago desde el respeto: tener que dormir en la calle no es ninguna broma y soy perfectamente consciente de que mi experiencia, aparte de ser sólo una noche, no tiene nada que ver con la realidad de la gente sin hogar.

Para empezar, servidora decidió hacer esto voluntariamente. Como dijo una de mis compañeras mientras estirábamos nuestras esterillas sobre un suelo húmedo, frío y resbaladizo:  “si alguien me dice que va a hacer esto les pregunto que si están tontos o qué, pues hoy yo soy la tonta”. No podría haberlo resumido mejor. A ver, voy a empezar contando por el principio, con su intro, nudo y desenlace, que así me lo aprendí yo en el cole. 

Aaaah…nada como dormir con los agradables sonidos de la naturaleza

El sábado 8 de diciembre y dentro de un programa para recaudar fondos para la gente sin hogar aquí en Escocia, mis compañeras de trabajo y yo y otras 12000 personas (aprox.) nos salimos a dormir bajo las estrellas en los preciosos jardines de Princes Street, después de disfrutar de tres miniconciertos, el humor de Fred Macaulay y un cuento de buenas noches de Irvine Welsh (sí, el de Trainspotting, que ya os podéis imaginar con qué dulce sensación nos fuimos a dormir…).

Los conciertos eran a cargo de Lulu (una señora de 71 años pateándose el escenario en taconazos como si no hubiera un mañana, al ritmo de su propio torrente de voz homenajenado a Bowie, y sin mostrar ni un sólo signo de artritis reumatoide, que es lo que yo imagino que voy a derrochar a esa edad…); KT Tunstall (una cantautora escocesa que yo no conocía pero que me sorprendió positivamente, por su voz y por su gracia en el escenario y porque te animaba a hacer palmas y así se te iban desentumeciendo las articulaciones congeladas de las manos); y Amy McDonald (que esta era la más famosilla, o al menos la única que yo conocía, y digo conocer que no reconocer porque osti, la gente va y se echa tintes y se hace mayor sin avisarte ni nada y así no hay quien les reconozca). 


Where you gonna go, where you gonna go, where you gonna sleep tonight?  Mucha guasa tiene la chavala….

Contado así parece divertido, por lo que quizá es mejor si lo dejamos ahí y no mencionamos las fatiguitas de meterte con cuatro capas dentro de un saco y después dentro de una bolsa de plástico naranja, o de resbalarte con la escarcha cuesta abajo con el consiguiente miedo de darle una patadita craneal a tu vecino de la fila de abajo, o de intentar dormir cuando los dedos de tus pies han dejado de existir pero aun así duelen, de que se te caiga el moquillo, te molesten todos los ruidos, de te dé por pensar que una rata va a salir de un seto a pasearse por tus mollas…Vamos a quedarnos con lo bueno, que de malo ya hay bastante por ahí suelto…

Ah, y otra cosita…muchísimas gracias a todos los que habéis participado, mi equipo ha sobrepasado los £1000 con gift aid y sólo espero que contribuya a crear historias tan especiales como las que nos contaron esa noche alguna de la gente cuya situación había mejorado gracias a esta iniciativa.

GRACIAS 🙂

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