Aceituneros altivos

Aceituneros altivos

Hoy he ido a coger aceitunas. Y no, no han sido las del plato (toma chistaco nivel cuñado en cena navideña). Algunos estaréis pensando que qué es eso de coger aceitunas y otros que qué gracia tiene eso cuando es lo que hace cada día de cosecha media Andalucía occidental. Pues gracia ninguna, pero es que me apetece contarlo porque hoy lo he visto con otros ojos.

Obviamente no era la primera vez que iba (habiéndome criado en un cortijo de Jaén eso se considera un delito mayor) pero hoy he ido con las gafas de adulta responsable con falta de vitamina D y el culo cuadrado por sedentarismo laboral en lugar de las gafas que había llevado en ocasiones anteriores: las de adolescente fofi-floji que no sabe qué se le ha perdido a ella en un campo de olivos. Tengo que decir que el hecho de saber que esto es temporal y que dentro de poco estaré de vuelta en Escocia con los ojos pegados a una pantalla igual ha ayudado a verlo con esa mirada positiva…

Recién desayunada y con 9 horas de sueño en el cuerpo (al parecer es físicamente posible) todo parecía perfecto: vamos a pasar el día al aire libre, respirar aire puro, tomar el sol, disfrutar del paisaje y el canto de los pajarillos, hacer picnic…yo iba feliz a las aceitunas, como quien va de excursión, con la banda sonora oficial del aceitunero moderno (Mi aceite) sonando en el móvil…todo idílico y maravilloso (dentro de lo que cabe con reggaetón de fondo), porque claro, a mí me lo habían vendido así:

Jaén. Paraíso interior. Yo me llevé el premio a más aceitunas pisadas pero luego resultó no ser categoría oficial y no hubo premio…

A lo cuál a estas alturas sólo se me ocurre responder de una manera:


Foto de María (@misstrainwreck)

Para cuando terminé de enfundarme la ropa vieja (uniforme aceitunero por necesidad), los guantes, la bufanda, la gorra y las gafas de sol (antes muerta que sencilla); de escalar hasta la puerta del land rover y de acomodarme haciendo zirigoncias (vocablo exclusivo del diccionario paterno) entre espuertas, sacos y varas…para cuando terminé con todo eso yo ya estaba reventada. Y así lo hice saber. ¿Y os podéis creer que no encontré compasión ni entendimiento en mi audiencia? Sólo risas y alguna mirada traducida como “¿Pero qué hemos hecho mal contigo, criatura?”.

Lo cierto es que la excursión hasta la finca estuvo bien, han puesto bachecillos (badenes) y todo en la carretera, así el coche va dando saltitos para que puedas ver el paisaje a dos alturas, en formato panorámico. Y la llegada también bien, mirad que paisaje más hermoso:

A lo mejor a vosotros no os mola porque estáis hartos de verlo pero yo veo ese cielo azul y se me cae la baba por litros…

Así que muy contenta con la primera parte del tour, pero de la segunda tengo quejas. A mí me habían prometido clases teóricas pero yo veía que faltaba detalle, porque eso de organizar los fardos (telas negras gigantes que se ponen bajo los olivos) está al nivel de una ingeniería civil: hay que saber como “pillar” (colocar fardos eficientemente) las “hilás” (filas de olivos), que sería fácil si las filas fueran rectas y bien trazaditas como Barcelona desde arriba pero resulta que son más estilo judería cordobesa…

Barcelona. Foto de José María Miñarro Vivancos.
https://www.flickr.com/photos/oseillo/
Judería cordobesa. Martin Furtschegger CC BY 3.0 https://creativecommons.org/licenses/by/3.0

Y luego está el tema de averiguar para qué lado van los fardos, porque eso de “la costura p’arriba” a mí me deja con dudas (¿pero una costura no tiene dos lados?), y no me queda más claro con “la estaca chica p’a fuera” (¿con chica nos referimos a la corta y gorda o a la larga y delgada?). Y mi explicación favorita: “en ese olivo va un fardo colorao y en el otro uno amarillo”. Para que entendáis porque me fascina esta explicación aquí pongo una foto de los fardos. Todos. Los rojos, y los amarillos.

¿Soy yo la única que solo ve fardos negros y fardos negros?

En fin, una clase típica de universidad, excepto que no hay empollón a quién pedirle los apuntes y además entra todo a examen…

Después de un rato de correr arriba y abajo tirando y moviendo fardos y (esperemos) deshaciendo el bollito de chocolate del desayuno antes de que llegara a las cartucheras toca elegir instrumento para varear: a elegir entre máquina vibradora, la máquina murciélago o peine, o la vara de toda la vida, que para los no iniciados viene a ser un palo largo. Todas hacen más o menos lo mismo (tirar aceitunas del árbol al suelo) pero a distintas velocidades, que suelen ser proporcionales al nivel de esfuerzo necesario para usarlas. Me dio la sensación de que la favorita en mi familia era la murciélago que me ha sustituido en el negosio familiar y se ha ganado hasta un nombre propio (Mariflor, se conoce que tampoco la quieren tanto…). Y eso a pesar de que la vara también tiene sus ventajas (sencillica y ligera) y que la vibradora da para muchos chistes, más de esos chistacos navideños casposillos y machistas, como el anuncio original que algunos recordaréis y que mostraba una mujer semidesnuda sujetando la maquinita con ganas…porque está claro que una va a las aceitunas en diciembre y lo que más le apetece es despelotarse para levantar un monstruo de 20 kilos…

Yo fui probándolos todos pero me pasa como con los deportes, que ninguno se me da bien…una porque pesa mucho, otra porque suelta polvillo y me pega en los ojos, y la vara porque cuando vas “repurando” (tirando las aceitunas que quedan después de haber pasado las otras dos) se convierte en un instrumento de precisión, quedan pocas olivas y están expertamente camufladas entre el follaje que llega a ser nivel jungla y albergar familias de monos. Para alguien que de normal ve en 8 colores distinguir una aceituna verdigris oscuro de un montón de hojas verdigris claro es un “busca a Wally” nivel dios.

Así de entretenidos llegamos al mediodía, que era sin duda alguna la mejor parte del tour y una de las mejores de la vida así en general: obviamente hablo de la comida. Lo peor del descanso de comer es que se acaba y toca volver a ponerse en marcha con los músculos fríos y doloridos del pedazo workout que te has marcado (se trabaja todo de una manera que ríete tú del cardiobox). Y hablando de cosas que se acaban, a este post también le va tocando…

Que tengáis una buena entrada de año, y si puede ser que no sea en las aceitunas, ¡mejor!

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Un comentario sobre “Aceituneros altivos

  1. Me ha gustado mucho tu descripción de cómo es un día de aceitunas. Te ha faltado mencionar que luego hay que recoger los “tronquillos” que lo hago todo el día y se te queda un culo, rodillas y espalda que es una maravilla… Luego la gente presume de gimnasio, eh?
    Un besito

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