Día 8. Un día en Gili Air o cómo fliparse celebrando un cumpleaños…

Día 8. Un día en Gili Air o cómo fliparse celebrando un cumpleaños…

He empezado a escribir esto mientras escucho una playlist de Two Steps from Hell, aviso por si en mi historia de repente se me va la puta cabeza y empiezo a volar y a vencer dragones. Es que con ésta música épica queda un pelín soso contar la realidad: que salimos de Kuta hacia Serangan con las legañas puestas a esperar un barco que (oh, sorpresa) zarpó tarde…que con las legañas aún puestas desayunamos unas tostadas con mermelada de piña mientras nos preguntábamos porqué éramos los únicos desayunando a la hora de desayunar…y que una vez subidos en el barco que recorre unos 160 km (Serangan Harbour – Gili Air) en dos horas y quince minutos entendimos claramente porqué nadie estaba desayunando. El entendimiento se aclara al notar la piña de las tostadas a la altura de tu campanilla…

Que en la foto desde el barco salga una línea del horizonte marino así de recta es de premio…

Y como éstas no son las cosas de contar a ritmo de música épica hablaré de cómo surcamos los mares viento en popa a toda vela, no corta el mar sino vuela, nuestro raudo transportín (no es fácil esta rima, no…) y de cómo echándole un par de narices caminamos por las paredes exteriores del barco y saltamos al agua sin miedo, como buenos piratas (bueno, tirando a mediocres una vez que has visto al personal de la lancha saltando descalzos por encima de los cuatro motores (cual Concorde) de un barco en movimiento sin agarrarse a nada y con unos estándares de seguridad laboral que pondría los pelos como escarpias a cualquiera de mis colegas británicos. No es broma, en mi trabajo hay un cartel recordándote que debes comunicar y tomarte muy en serio cualquier accidente laboral, mensaje ilustrado con la foto de un dedo, una tirita, y un corte a observar con microscopio industrial…unos tanto y otros tan poco…

De este modo tan épico (soy funcionaria en un país acomodado, mis estándares de lo épico han decaído bastante…) llegamos a Gili Air. Las Gili son unas islitas indonesias (concretamente de Lombok) con un inquietante número de turistas australianos. Afortunadamente, la mayoría de ellos están concentrados en Gili Trawangan que según he leído por ahí viene a ser una rave permanente. La Magaluf de los aussies. La isla del medio es Gili Meno, que es la más tranqui…tan tranqui que no pasa ni el barco…y la tercera es Gili Air, que era nuestro destino y se suponía que era un poco más calmada, más bohemia, más de conectar con tu yo interior y todas esas cosas de pijiprogres como nosotros…O eso decían los foros, pero parecían desmentir los 300 guiris apelotonados en un puerto en el que caben 3 barcos con uno fondeado de lado…

Una vez adentrados en la isla nos dimos cuenta de que algo de razón llevaban los foros y había mucha concentración en el puerto por eso de que había bares….No nos engañemos, Gili Air no es ajena al turismo (5 cajeros en una isla con la superficie de un botón venido a más), poblada de hoteles, warungs (sitios para comer), stands de actividades (buceo, snorkelling, etc.), puestecitos, gente que te lleva en carros de caballos (caballitos, porque son poco más que el molde de un poni…), etc. Pero también es cierto que tiene un aire especial, tranquilo, que me hacía sentir un poco como en casa (una que es de campo y se nota).

Ir caminando de noche por caminos sin asfaltar, sin luz eléctrica, escuchando los insectos de la noche, oliendo la tierra mojada, las plantas, los árboles frutales, viendo las salamanquesas escabullirse entre los tejados, viendo las estrellas…todas esas pequeñas cosas cuya importancia y belleza sólo aprecias cuando has perdido…Por cierto, hablando de perderse, ¡las estrellas allí no estaban organizadas como tenían que estar segun mis recuerdos europeos! Igual es una tontería pero me llamó mucho la atención notar esa diferencia…

Pero no sé qué hago hablando de la noche cuando llegamos a Gili Air sobre la 1 del mediodia (pseee, casi sin retraso). Nuestro hotel encantador estaba casi al otro lado de la isla (unos 15 min andando) y llegar alli fue un poco microaventura ya que no teníamos cobertura ( bueno, en mi caso no tenía ni aparato con que pillar cobertura directamente…) pero tiene algo de mágico eso de encontrar tu camino sin ayuda de maquinitas. Digo eso porque había mapas de vez en cuando y terminamos por encontrarlo sino igual tendría otra opinión menos complaciente…De camino paramos en un cajero que supuso otro de los momentos GRRRRRR del viaje, ya que además de no funcionar casi nos vacían la tarjeta de las vacaciones. Don’t worry, be happy, todo esta solucionado ya y nos han devuelto hasta el ultimo millón de rupias (llevábamos una tarjeta de weswap). Además de todo eso nos dimos cuenta otro día así que de momento nos podéis visualizar caminado alegremente cual Heidi en las montañas hacia el hotelito. En realidad era más bien un grupo de bungalows con jardín, piscina, terraza individual, mosquitera (que ya se que son para espantar bichos pero a mí me hace sentir como una princesa del medievo), y baño semiexterior. Osea que tenía paredes y techo pero menos del que le tocaba y te daba el airecito al hacer pis. Un día de éstos cuando me haya recuperado de escribir tochos igual les dejo una reseña en Trip Advisor al Balengku dua porque además de ser monísimo todo tenían un desayuno estupendo (pancakes DE banana) y un café terrible. Al parecer esto no es culpa del hotel sino de la forma indonesia de hacer el café, que deja todos los posos en el culo de la taza, ahí sin filtrar ni nada y claro, alguno que otro te tragas. La gente que lee el futuro en estas cosas de una taza indonesia te puede sacar lo qué va a pasar de aquí al Apocalipsis…Pero ya me estoy adelantando otra vez, hablando del desayuno del día siguiente cuando no habíamos llegado ni a la comida de este.

Vistas desde nuestra terracita del Balengku Dua…así cuesta mover el culo…

Iba narrando por el momento en el que llegamos al hotel, dejamos las cosas y nos dimos un bañito en una piscina que no estaba pensada precisamente para niños o gente que no supiera nadar, ya que la inclinación progresiva progresaba poco y pasaba alegremente de 50 cm a 2 m de profundidad: “Anda, si solo cubre hasta las rodil….Gmphllphphhgrh…glup-glup”.

Prosiguiendo con nuestras arduas tareas de turistas, nos vimos obligados a abandonar la piscina para irnos a comer…concretamente para ir a comer a una mesa elevada situada en la mismísima orilla del mar, reclinados sobre cojines, bebiendo fresquísimos zumos de sandía recién exprimida mientras sentíamos la brisa marina enredándonos los cabellos y las olas del mar regalando nuestros oídos…lo dicho, la dura vida del turista…

Como comida especial de compleaños, disfruté de cuatro trozos de pan con una especie de remojón o picadillo (según de qué zona de España seáis…) que igual no suena a gran manjar pero que estaba tremendo y entró como agua de mayo en un estómago maltratado de tanto comer bien y un tanto removido (y agitado) por el viajecito en barco…

Comimos con muuuuuuucha tranquilidad, por nuestra parte y por la de los camareros, cuyo lema (serigrafiado a la espalda) era “Sonríe ahora que aún te quedan dientes”. Me lo quiero hacer camiseta yo también porque m’ancantao…

La dura vida del turista. Cómo decía el sabio mensaje del restaurante: “Sonríe ahora que aún te quedan dientes”.

Después de comer dimos un paseo de sur a norte de la isla por la orilla este (me he empollado bien la geografía para poder hablar con propiedad) y en el camino compramos una equipación de snórkel a precio de diamantes bañados en platino. Es lo que tiene haberte leído toda la literatura universal del regateo pero no haberlo hecho en tu vida, que te quedas en blanco cuando llega el momento de la verdad…Mi plan era alquilar los equipos pero Fergus dejó traslucir brillantemente su esnobismo de niño bien (“pero si son de alquiler ya los habrá usado alguien antes”) y cambiamos de idea. Así que ahora tenemos equipos de snórkel para ese jueves cada 15 años en el que puedes bañarte en este país sin riesgo de hipotermia…Y este año se me olvidó llevarlo a la playa así que hasta 2033 no hay nada qué hacer…

Bromas aparte, estuvo muy bien disponer de las gafas y el tubito porque llegamos a un trocito de playa precioso y allí probamos nuestros nuevos juguetes…Tengo que decir que por un lado fue un poquito decepcionante porque yo iba con las expectativas de ver a Nemo, Dory y las tortugas surferas pero igual ya era tardecillo y se habían ido a dormir porque no vinieron a saludar…Aún así es impresionante ver qué se cuece ahí abajo incluso tan cerca de la orilla: erizos, corales, estrellas, pececillos de colores…y unos bichos muy feos que aún tengo pendiente buscar….Venga, he hecho un poquito de investigación pero no estoy muy segura…creo que se llaman ¿pepinos? y son francamente asquerosos, casi tanto como otro bichejo que se me pegó a las cangrejeras y no soltaba ni a la de tres. Porque para quién no lo sepa, a mí me pasan cosas, y mientras que a otros vienen a cantarle los pajarillos y a saludarle las tortugas, a mí obviamente vendrá a agarrarse un gusano gordo, marrón y baboso.

Lo mejor fue sacar la cabeza del agua y ver un atardecer precioso desde el mar… a las 6 de la tarde, pero precioso…Pensamos quedarnos a terminar de ver el anochecer en un rinconcito muy chill con puffs a pie de playa pero resulta en en Bali no hace tanto calor como creíamos así que volvimos al hotel a por una ducha calentita y vuelta a salir, esta vez a por la cena. Me repito: un suplicio esto de ser turista…

El atardecer era bonito pero mi action camera es de persona pobre que se ha dejado todos los ahorros en irse a verlo…

Cenamos otra vez frente a la playa, aunque si me hubieran dado la opción igual hubiera preferido cenar junto a una estufilla…La cena de esa noche me tiene un poco preocupada y en crisis existencial…desde que tengo memoria a mí nunca me ha gustado el pescaso y sin embargo ésa fue una de mis cenas favoritas del viaje, y mira que la competición es dura…Y si os estáis preguntando porque pedí pescado sin gustarme….yo que sé, yo pedí un ikan kari bunbu rajang o no sé qué , que según el camarero era algo típico de Lombok, y quién iba a pensar que la comida típica de una isla podía llevar pescado…Pues lo que fuese que me pedí era una especie de curry que no tenía derecho a estar tan bueno porque es pescado, joder, ¡que a mí no me gusta el pesacado! Ahora tengo que replantearme todo en lo que he creído en mi vida gracias a un puñetero curry…aunque tampoco descarto del todo que la crisis existencial pueda tener algo que ver con el hecho de haber cumplido 32 tacazos…

Un saludo desde el paraíso, dónde el pescado está bueno y llevar tirantes no es una fantasía
1+

Deja un comentario