Día 11. Turistas en la niebla

Día 11. Turistas en la niebla

Para nuestros dos últimos días en Bali teníamos montones de planes (las prisas del final, de pensar que te vas de Bali y necesitarías otros 7 años para empezar a conocerlo un poco) así que ambos días contamos con conductor en nuestras aventuras. Y me siento un poquito mierda otra vez porque recuerdo sus caras pero no sus nombres. Ea, la culpa es suya por no llamarse Juan o Pepe, que son universalmente fáciles de recordar. Seguro que ellos tampoco se acuerdan del mío (ya, ya sé que no hay justificación posible…aunque en mi defensa diré que de esto hace ya varios meses y yo soy muy de optimistamente confiar en que mi cerebro lo retendrá casi todo y Fergus rellenará los huecos; diría que esta vez ya he aprendido para la próxima vez pero a quién quiero engañar…)

Volviendo al tema, que me liais y no hay manera…este día volvió a amanecer nublado y para cuando el conductor nos recogió (lo habíamos «contratado» en el hotel la noche anterior) a mí ya me castañeteaban los dientes.

Desde el coche (calentitos) vimos el palacio y el mercado de Ubud, lo que pasa es que coche llevaba todo el rato un filtro en el cristal…uno así como de lluvia cayendo incesantemente…El chico majo (algo tendré que usar para referirme al conductor) nos llevó hasta las terrazas de arroz de Jatiluwih, narrándonos en el camino una parte de la historia de la zona de Ubud, una tierra de «curanderos», en oposición a las gentes de las tierras vecinas, de las cuáles se decía que hacían magia negra.

Como buena hija de mis padres me pasé el camino mirando a las diferentes plantaciones de verduras y hortalizas y algunas técnicas curiosas, como cubrir la tierra con plásticos negros dejando agujeros dónde se plantan las semillas para que de éste modo no haya malas hierbas alrededor. Parece inteligente pero no quiero ni pensar en las consecuencias para el medio ambiente de km y km de plásticos negros…Pero el plato fuerte «agrícola» del día eran obviamente las famosas terrazas de arroz de Jatiluwih (no he escrito la palabra bien a la primera ni una sóla vez) que son…pues eso, son terrazas de arroz.

Terrazas de arroz de Jatiluwih
Terrazas de arroz de Jatiluwih. Llovía demasiado como para sacar otra cosa que no fuese mi action camera de persona pobre

Para sacar el máximo partido a terrenos muy inclinados se «escalona» la plantación de arroz y se inundan ya que el arroz necesita muchísima agua. Que sabiendo eso y sabiendo que en Ubud hay mucho arroz igual podríamos haber sumados dos y dos y metido en la maleta unos cuántos chubasqueros y botas de agua…Aunque los propios trabajadores iban con chanclas o descalzos, muy pocos llevaban las botas de agua. En cualquier caso, todas mejores opciones que unas zapatillas empapadas de secado lento.

Dimos un largo paseo por los campos de arroz, apreciando no sólo la belleza del paisaje sino también la dureza del trabajo (como casi todos los trabajos del campo…) que incluye plantar, regar, recoger, quemar, reiniciar…Me llamó la atención lo de quemar las plantas una vez que el arroz ha sido recogido pero al parecer ayuda a la tierra para la próxima plantación (aunque yo no termino de verle muhco sentido)…en cualquier caso, quemarlo parecía más fácil que arrastrar montaña arriba o montaña abajo toda esa hierba seca…

Terrazas de arroz de Jatiluwih, Ubud. Arroz quemado
Arroz quemado. Mismo concepto que mis intentos de hacer paella.

Desde las terrazas de Jatiluwih fuimos a un jardín botánico cercano que te da una idea de la relación de Bali y los vehículos rodados: la ruta DENTRO del jardín botánico estaba diseñada para ir en coche. Y menos mal porque en lo que a jardines botánicos respecta creo que no he visto uno más grande en mi vida y he visitado unos cuántos…así que fuimos con el coche a ver lo más destacado: orquídeas, cactus, plantas que no tienen traducción al español y si la tuvieran da igual porque no me acuerdo…todo muy bien regado, incluidos nosotros.

Hay dos cosas del jardín que me llamaron especialmente la atención: uno, el bosque de bambú, porque yo no había visto nunca plantas de bambú crecer de esa manera y yo me imaginaba que serían siempre como los junquitos que comen los pandas en los documentales de la 2….Error, son árboles hechos y derechos con troncos más anchos que yo. Bueno, más que anchos que Fergus, tampoco vamos a exagerar…Y dos, un ficus milenario y extremadamente preciosísimo. Yo me sé de alguna que lo habría fundido a abrazos.

Planta de bambú
Esto no es lo que comen los pandas en los documentales de la 2…

Si las hadas existieran seguro que vivirían (o viven) en árboles como ése…El conductor nos contó que a veces las parejas se hacen ahí su reportaje de boda pero ese día no había nadie (hay que ser muy gótico para hacerse las fotos de boda ahí en esa niebla…). Y esperaba que en esta lista de cosas que más me llamaron la atención estuviese un lago que había visto en fotos. El conductor amablemente nos llevó hasta el mirador y nos señaló el lago. Lo que yo veía:

Fog 03
Foto de Honey House Films (https://www.flickr.com/photos/honeyhousefilms/)

Igual podía haber ahí un lago que un volcán que una banda de dinosaurios moteros, no se veía un pijo.  Otras familias estaban por ahí haciendo picnic, que ya son ganas de picnic para irte de picnic a una nube, pero bueno…

Después de esta super vista nos largamos del botánico, en parte por la lluvia, en parte porque estaba a punto de perder mi superpoder (vejiga de acero me llaman, llegué tarde al reparto ¿vale?). Había intentado previamente hacer uso de las instalaciones en el botánico pero la cara de espanto rollo Trainspotting que llevaba Fergus al salir a pesar de las ventajas asociadas a sus cromosomas xy me hizo desistir de mi propósito. Ay.

Nuestro próximo destino era el lago y templo Beratan, un trayecto que nos llevó bastante más tiempo del esperado porque al ser festivo en las islas vecinas (fin del Ramadán) mucha gente había venido a Bali de vacaciones esa semana y en una carreterilla regulera de un carril había más coches que en la M-30 en hora punta…

Aprovechando el atasco, la gente bajaba y compraba en los puestos de la carretera: millones y millones de mazorcas asadas y «patatillas» de diferentes vegetales y de colores chillones en verde, amarillo, rojo remolacha…

Esculturas de frutas y verduras en Beratan, Bali.
Sandías: sugerencia de presentación.
Por si no se aprecia con claridad, las esculturas están íntegramente hechas de verduras y hortalizas. Como ofrenda no están mal…

Ya cerca del templo paramos a comer en un buffet que a decir verdad ni fú ni fá…después de tanto día comiendo como dioses ese menú pensado para el turista de mínima variedad y sabores muy normalitos nos parecía poca cosa. De ahí ya sí que fuimos al templo que como era de esperar estaba lleno de turistas. La entrada no era muy cara (unas 10000 rupias, que si recuerdo bien son como 60 céntimos) y el recinto del templo es bastante grande, y como lo visitamos durante el festival de las artes en Bali pudimos disfrutar de una serie de esculturas diseminadas por los alrededores del templo y de un concurso de «customización de barcos» que desde luego merecía la pena ver.

La típica manualidad de colegio, esa que te dan tijeras, pegamento, papel maché y un barco.

En cuanto al templo en sí…desapareció. Igual no sabéis que en esta zona de Bali hace frío y llueve porque casi no me he quejado de eso en toda la historia pero sí, hace frío, llueve y hay niebla suficiente para hacer desaparecer el templo, el lago y yo diría que toda la isla. Y eso nos pasó, cuando llegamos no había templo y cuando nos fuimos no había templo, pero afortunadamente la niebla fue lo suficientemente amable para dejarnos ver el templo durante unos momentos y es verdaderamente majestuoso. Ahí, flotando en el lago, ajenos a todos los selfistas de la orilla, intocable y orgulloso.

El templo de Beratan, Bali
Y durante 12 magníficos segundos el templo se mostró en todo su esplendor…

Nuestro último plan del día eran las Gitgit, unas cataratas magníficas en el norte de Bali, pero nuestro conductor nos recomendó otras porque en teoría estaban más cerca (y porque el señor que vendía tickets en la entrada le regaló un coco , que de cerca regular y nada más empezar el camino nos cascamos de la transacción). Pero oye, sin problema, pagamos algo así como 30 céntimos cada uno…el problema era otro, y es que con esta manía que tiene el sol de ponerse a las 6 sin falta, se nos hizo de noche en el quinto escalón de camino a la cascada…y, eh, llamadnos cobardes, pero bajar por un camino de ecaleras empinadas con caída libre a ambos lados en mitad de la jungla y de la noche no parecía la opción más sensata. Sobretodo para llegar y no ver una mierda porque hasta donde yo sé las cataratas no brillan en la oscuridad…Así que llegamos hasta un punto donde se veían un poco en la lejanía pero aún así podía escucharse con fuerza la melodía del agua mezclada con los sonidos de la selva al anochecer con otra impresionante vista de kilómetros de jungla a nuestras espaldas y el oscurecer lento del cielo…

Así que no fue tan terrible quedarnos sin catarata, aunque a mí sí me jodió un poco, me gustan mucho las cataratas y era la única que teníamos planeada. Pero bueno, que vivo en Escocia, que si algo no falta en este país es agua cayendo….

Después del pequeño fiasco, el conductor nos devolvió sanos y salvos a Ubud. Entre que era de noche y estábamos no muy lejos de una hipotermia decidimos ir de tranqui y nos sentamos en una terraza maravillosa en mitad de la fronda a tomar un hot toddy, que no es muy típico balinés pero mezclar licor con agua caliente, miel, hierbas y especias no parecía una mala manera de entrar en calor…De todas formas nuestros estómagos volvían a pedir calma chicha después del hot toddy de cena nos bastó algo ligerito, que en mi caso era un sandwich de berenjena (sin comentarios…) y en el de Fergus una snichtzel con patatas fritas (ya, yo tampoco le llamo a eso cena ligerita…). Y así termina la última noche en Ubud…

A day trip from Ubud


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Un comentario sobre “Día 11. Turistas en la niebla

  1. El hecho de que el templo sólo lo pudierais ver durante 12 segundos lo hizo más majestuoso, que guay, entre niebla, tiene su gran encanto ir a ver un lugar así. Y por cierto, yo sería una de las que me iría a hacerme fotos de postboda o preboda a un jardín botánico como ese eh.

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