Día 12. El principio del final: últimos días en Bali

Día 12. El principio del final: últimos días en Bali

Después de millones y millones de palabras y de aburrir hasta a las ovejas, los conejos y todos los bichos vivientes se acerca el final de la historia singapo-balinesa.

Para el última día hábil de nuestras vacaciones habíamos contratado un tour (un tour para los dos solos, todo el día con conductor y la comida incluida por unos 85 euros, así de ricos éramos en este país…). La razón de elegir este tour es que lo tiene todo, papi. El templo de la familia real, el bosque santuario de monos, el majestuoso Tanah Lot, el impresionante Uluwatu, un espectáculo de danza y cena en la playa de Jimbaran. Era tan perdecto que parecía que lo hubiese planeado yo (modestia aparte).

Nuestra primera parada era el templo de la familia real (que creo que se llama Taman Ayun, o no) que en verdad ya no es de la familia real porque los balineses se han dado cuenta que mantener a gente de gustos caros que no hace nada no es lo mejor para la economía del país y en su lugar tienen una república presidencialista democrática, así que el templo ahora es público (mira, otra ventaja). Bueno, público pero como casi todos con áreas restringidas porque al fin y al cabo es un templo y la zona propiamente religiosa no es accesible al turismo. Esto me hace pensar lo mucho que significa la religión en Bali porque no suelen ser muy de poner trabas al turista…Nos pusimos nuestros sarongs y dimos un paseo por los alrededores disfrutando no solo de la belleza del templo sino también del azul del cielo, que ya teníamos ganas…

Templo de Taman Ayun en Ubud, Bali
Y quién dice cielo azul, dice cielo menos gris que días anteriores…

La siguiente aventura era la entrada al bosque sagrado de los monos de Alas Kedaton que, como se puede intuir si estás alerta, es un bosque, y hay monos. Muchos muchos monos. De la especie mono monensis balinensis (si hay algún experto en la sala retiro esto….(venga, he hecho un poquito de investigación, en realidad eran Macacos fascicularis, que suena aún más a invent pero es la verdad). ¿Y qué vimos allí? Pues lo dicho, monos. Monos grandes, pequeños, jefes de tribu, perdedores, solitarios, en grupo, monos con los bebés colgando, monitos asustados, monos comiento batatas, monos saltando por los árboles….pos eso, monos. Todos muy muy cerca de nosotros pero portándose bastante bien, lo cuál al parecer es inusual porque tienen una moral dudosa y unas manos largas y ágiles para llevarse objetos brillantes como gafas, móviles, etc. Así que imagino que fue una suerte llegar a la hora de la comida, cuando una batata llamaba más la atención que unas gafas graduadas.

Monos en el bosque santuario de  Alas Kedaton
¡Qué monitos tan monos! Ale, ya está el chistecito fuera del sistema, ya puedo seguir siendo una humana funcional.

Además de los monos, vimos casi a la salida un grupo de murciélagos de la fruta, y la chica que nos guiaba por el Kedaton nos quería animar a cogerlos para una foto pero yo en mi casa he visto siempre murciélagos y son de tamaño golondrina: pequeñitos, cucos, de bolsillo…no dan miedico y cuesta imaginarlos como los despiadados monstruos de las historias de vampiros. A los murciélagos de la fruta ya cuesta menos imaginárselos desgarrándote las extremidades a mordiscos….madre qué bicharracos…Ahora ya entiendo que Batman les tuviera miedo, un bicho de esos te da un aletazo y t’a matao. Así que yo le hice la fotito pero desde una distancia prudencial y sensata.

Murciélago de la fruta en Alas Kedaton
Para ver bien el tamaño estaría bien haber tenido un humano para comparar cerca, pero esta humana aún quiere vivir otros pocos viajes más así que me creéis cuando digo que la envergadura de las alas es al menos 1.5m y ya está.

Encima tenías que pagar para cogerlo para la foto. Yep. Yo aún no tengo claro cuánto me tendrían que pagar a mí por acercarme a esos monstruos…

Tras pasar la mañana con los monitos fuimos hacia Tanah Lot, un templo en un enclave presioso presioso (pero presioso de verdad) al que sólo se puede cruzar cuando baja la marea (al menos a pie, nadando quizá se puede con marea alta pero viendo con que energía ostiaban las olas a los cimientos rocosos del templo yo igual me lo pensaba…). Aquí no pega describir, pega ver las fotos.

Templo de Tanah Lot en Bali
Turistas maleducados y nubes con mala ostia que no quisieron quitarse de en medio para mi foto de imán de frigorífico.

Como triunfazo total del viaje, nos contó nuestro conductor que ese día era bastante importante en la religión balinesa así que pillamos lo que viene a ser un día de romería. En mi cabeza la comparo con la de la Virgen de la Cabeza en Sierra Morena que es la que yo conozco: la gente de los pueblos y ciudades cercanas (y no tan cercanas) acude al templo en el día señalado vestidos con sus mejores galas, toda la familia o grupo de amigos reunidos para pasar un buen día, comiendo, bebiendo y comprando en los puestecitos y chiringuitos que se han puesto ahí para la ocasión. Cuando llega la hora, sale desde el templo la procesión en honor a la deidad acompañada de una banda de música y seguida por los asistentes al evento que han dejado sus ofrendas en el templo…está claro que no somos tan distintos. Y sin embargo, y ahí está la gracia, también existen las (numerosas) diferencias que hacen una celebración única: el tipo de música, la forma de vestir (los hombres todos con sarong y «gorro» morado y ellas con sarong amarillo y cofia blanca, ambos con chanclas y camisas blancas, chicas jóvenes con un precioso vestido amarillo), o la procesión en sí, donde se lleva «a hombros» una larguísima tela blanca.

A pesar de ser un espectáculo precioso, como buenos ateos/agnósticos-amantes del buen comer-gente con un horario, abandonamos la procesión para irnos a comer. Tristemente mi memoria aquí empieza a fallar pero recuerdo que comimos muy bien y voy a buscar alguna foto para demostrarlo.

Satay in Tanah Lot
Satay no sé qué con no sé cuánto sobre hojas de banano. Casi me zampo hasta los palos…

Con el estómago así de contento nos fuimos hacia otro templo, Uluwatu, que desde luego nada tiene que envidiar a Tanah Lot. Situado al borde de un acantilado con vistas impresionantes, obviamente aquello era un paraíso de instagrammers y la belleza del lugar se veía un poco turbada por las hordas de «fotógrafos» y modelos que no dudaban en acaparar los mejores spots hasta conseguir la foto de los 10000 likes. Qué fácil hubiera sido un empujoncito y…ala…de instagrammer a viral de Youtube…esto…antes de que penséis que soy una psicópata por poner esto aquí, en verdad no me molesta que la gente se haga fotos de guapis (un poco de envidia, quizá…) pero de verdad que había algunos muy pesaos que no dudaban ni a meterse en el escenario donde estaban preparando el espectáculo, aún estando claramente molestando a los organizadores.

Templo Uluwatu en Bali
No preguntéis cómo hice para sacar esta foto sin «modelos» delante…

Y hablando de espectáculo, voy a dejar de quejarme de instagrammers adolescentes. como la señora mayor en la que me estoy convirtiendo y voy a hablar de…el espectáculo: Kecak Dance.

No sé cómo describir esto y hacerle justicia…porque si digo que comienza con un grupo de hombres semidesnudos sentados en el suelo y moviendo las manos al ritmo de sus propias gargantas repitiendo indefinidamente la misma sílaba…igual no suena muy bien. Así que voy a intentarlo de otra manera.

Esta danza tradicional balinesa se llama Kecak por el sonido que hacen los «danzantes» y que imita la cacofonía de un grupo de monos, dando fondo a la historia que se va desarrollando durante el baile: la leyenda de los amantes Rama y Sita, que muy resumida viene a ser que Sita se pierde y Rama la rescata enfrentándose al secuestrador (un tal Rhawana) con la ayuda de un Rey mono rojo y su armada. Personajes de indescriptible belleza y delicados movimientos recortándose contra el atardecer sobre el mar, saltos épicos con pies descalazos, humor y drama, y una absoluta y total falta de respeto por la seguridad laboral o personal hacen de éste espectáculo único que nunca verías por ejemplo en Reuno Unido. Cuéntale aquí a tu asesor de riesgos que el plan es sentar a al audiencia en un círculo y rociar con gasolina un montón de paja en medio para después saltar y bailar con los pies descalzos SOBRE el fuego hasta que se apague. ¿Que hace vientecillo? Pues más impresionante aún.

A mí el baile me pareció una pasada y me pasé la hora o lo que durara con la boca abierta y con un subidón subidón que ni de rave…ahora, yo estoy muy agradecida de que en mi cole el baile tradicional que teníamos que aprender (las sevillanas) era sin brasas ardientes debajo ni nada…

Antes de terminar este pedazo de día aún nos quedaba otra parada en la península de Nusa Dua (que viene a ser una colección de resorts, una Costa del Sol sobreexplotada, para que nos entendamos…). Nuestro tour incluía una cena en Jimbaran, un pueblo pesquero reconvertido en pueblo turístico famoso por sus restaurantes de pescado y marisco a pie de playa, dónde la idea es que tú señalas un bicho del acuario y te lo cocinan.

Y esto explica porque a mí esa idea no me mola nada.

Tengo que decir que fue una de las razones por las que no disfruté demasiado de la cena en Jimbaran. La segunda razón era el frío (de noche y de cara al mar hace fresquete), la tercera el menú (pescados y mariscos a mí, oh yeaa…al menos había sopita, fruta, y cacahuetes) y la cuarta razón era esa sensación de turista incómoda, de no querer ser parte de este esquema donde nosotros somos los turistas ricos y pijos que se aprovechan de las diferencias de nivel ecónomico y de desarrollo de otros países y sentirme hipócrita por ello. Lo sé, que a veces me rayo mucho, pero en mi defensa diré que es más fácil sentirte incómoda cuando una banda de música viene a tu mesa a cantarte (cantarnos, a nosotros dos personalmente) el Angel de Robbie Williams (¿no había nada más cursi, amigos?).

En fin, con esto termina un día por lo demás bastante espectacular y el último de nuestra aventura. Técnicamente, penúltimo, pero es que la última mañana la pasamos en la piscina del hotel como dos perezosos comunes, o lo que viene a ser el ideal de vacaciones guiris: comiendo, bebiendo y tomando el sol. Ay, cómo echo de menos esos 25 graditos, esa fruta fresca que no requiere una hipoteca, esos fruit punch que eran arco iris hechos bebida,…esos vuelos retrasados…He añadido esto último más que nada para volver a la realidad. Que ya no estoy en Bali. Que estoy en Escocia, bebiendo té, viendo llover, y usando mi hora del lunch para rememorar los mágicos momentos del otro lado del mundo…

Volveré…

2+

Un comentario sobre “Día 12. El principio del final: últimos días en Bali

  1. Me has recordado dos cosas del tour que hicimos en Francia. Una, cuando fuimos al Mont Saint Michel, donde para acceder a ver la gran abadía que hay allí, vas andando mientras no suba la marea, cosa que al poco de salir de allí subió, entonces se convertía en una pequeñita isla. Espectacular lugar…
    La segunda, cuando en Paris, en el barrio bohemio, Mortmartre, en la plaza de pintores, comimos en un restaurante, y tocaba el piano un hombre que iba a las mesas a preguntarnos de donde eramos, y que canción queriamos que tocará. Sergio le pidió La vie en rose… Recuerdos bonitos…

    Día espectacular Nieves. Me alegro de que lo disfrutarás. Gran viaje.

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