Cómo pasar un (buen) día en Eindhoven

Cómo pasar un (buen) día en Eindhoven

Eindhoven viene a significar algo así como las “últimas secciones de unas 14 hectáreas de tierra” y lo juro por la Wikipedia que es mi cosa favorita del Internet. Eso es economía del lenguaje y lo demás son tonterías.

Siguiendo el hilo de la entrada anterior, estábamos en un autobús dirección Eindhoven, apreciando esa inusual pero placentera sensación de tener un cielo azul sobre nosotras, cuando hicimos el primer tick ✓ de nuestras cosas que ver en la gran ciudad: el Evoluon. Que viene a ser una nave espacial gigante, antiguo museo de la ciencia y en la actualidad centro de conferencias, y quizá la primera muestra que tuvimos de que los holandeses tienen unas reglas arquitectónicas increíblemente flexibles…

Fuimos a dejar el equipaje a nuestro hotel, un Premier Inn no muy caro pero que molaba bastante y estaba super cerca de la estación, al menos en términos absolutos, porque esto de que la distancia más corta entre dos puntos es la línea recta es una idea que parece que no cala en la gente que diseña carreteras…Pero allí estábamos, un par de túneles y tres o cuatro pasos de peatones después, listas para ir a buscar lo más importante de cualquier ciudad: la comida.

Decidimos ir a comer a un barrio llamado Strijp-S o The strip. Puedo seguir traduciendo pero nos vamos a arrepentir porque en español viene a ser “La tira” y eso ya derrocha menos glamour…es un poco como descubrir que el mago más famoso de este lado del Atlántico si en vez de en Hogwarts estudiase en la Complutense se llamaría Enrique Alfarero. Quique para los colegas. Perdoname, J.K. Rowling, a veces desvarío cuando viajo por Holanda…

Retomando el hilo, el Strijp-S pertenecía enteramente a la fábrica de Philips, esa que todos conocemos por que hace bombillas, pilas y afeitadoras pero que ninguno sabíamos que era originalmente de Eindhoven. Pero crecieron, se hicieron importantes y contaminantes y tuvieron que salir de la ciudad dejando tras de sí un barrio/ planta industrial abandonada que ríete tú de los escenarios del Bioshock. Pero llegaron los jovenes guays eindhoverianos y se montaron restaurantes y tiendas super cool, cafeterías veganas y heladerías sin gluten y skate parks, se plantaron plantas entre los macrotubos metálicos y se pintaron grafittis dignos del MOMA, y así la antigua planta industrial se convirtió en un paraíso hipster de estética steampunk que mola infinito, incluso si no eres de las que hacen fotacas p’al insta.

Urban landscape in Eindhoven, graffitti, steampunk scenarios

Repusimos fuerzas (pocas) con un sándwich de pan de semillas con huevo pocho, aguacate, semilla de calabaza y ricota por 7 euritos en Onder de Leidingstraat, helado en cono negro sin azúcar en Intelligentia, y café y mini-chocolate con nombre pegadizo: tony chocolonely. En verdad es más pegadizo si le llamas tony chocolony como me pasé haciendo todo el viaje…Todo super cool, en línea con el barrio…

Desde ahí bajamos al centro de la ciudad a visitar algún museo pero resulta que los museos cerraban temprano. Fuimos a ver la iglesia más importante y venía a ser poco más grande que la de mi barrio edimburgués y de un estilo similar. Fuimos hasta el río y era un arroyuelo con aires de grandeza. Así que nos resignamos simplemente a caminar por la zona central y disfrutar de los riesgos de atropello ciclista y de las innovaciones arquitectónicas (léase pajas mentales hechas edificio que en verdad quedaban bien).

van Abbe museum in Eindhoven
Van Abbe museum, oda al poliedro desconocido.

Con esto de que Eindhoven es mono pero chiquitito y te lo ves en media mañana, para las 6 de la tarde ya no nos quedaba nada que ver por los alrededores ni piernas para alejarnos más allá. ¿Y qué hace un turista cuando está cansado? Pues entra a una cafetería mona y se pide un café y una tarta y a descansar los pinreles un rato. A menos que estés en Holanda, claro, que entonces se pide café y porro, o en su defecto un Nestea para que te lo sirvan…¡con gas! ¡CON GAS! ¿Pero qué locura es ésta, quien le mete gases a un Nestea? Sí, voy en plena tarde a una cafetería en la que se pueden fumah floreh y me flipo con un Nestea. Con eso y que tenían una carta notable de tipos de yerba que estaba como para que yo me tuviese que pedir algo: aún me estoy recuperando de que en Málaga se pueda desayunar con un pitufo y una nube, estás tú que me voy a pedir una cosa que se llama Chernobyl o Aurora Boreal. Anda, trae ese Nestea gaseado que ya me va haciendo el apaño

Nos sentamos allí un ratito a observar la fauna local y me llevé una decepción. ¿Vosotros habéis escuchado alguna vez cómo la gente de cierta edad (siempre por encima de la mía) llama a los porros cigarrillos de la risa? Pues yo he estado en funerales más alegres que esa cafetería: un grupo de hombres solitarios de entre 20 y 45 años, en silencio, unos leyendo, otros mirando al infinito, otros escuchando música, otro escribiendo lo que podría ser el próximo gran bestseller holandés y otros dos rebeldes de la vida, qué desvergüenza, jugando al ajedrez.  Interactuando. Y ocasionalmente incluso hablando entre ellos, ¡qué desfachatez!

Bueno, y luego estábamos nosotras, charlando y riendo a pesar del ambiente eclesiástico, y tomando ideas para este estudio antropológico que me he marcado. Por cierto, otro dato curioso, no sé si es porque el humo del burbujón en el que estábamos sentadas se me había infiltrado al cerebro, pero curiosamente toda la peña que entraba al local iba vestida o entera de negro o de colores neón. Ni un tono tierra, un gris señora, un rosita niña bien…nada. Si alguien busca tema para un doctorado en sociología, ahí lo cedo amablemente en aras del progreso: la relación entre el color de tu ropa y si te puedes permitir camello (en este caso legal) a domicilio (¿acaso pensábais que era la relación entre el color de la ropa y tomar drogas? Ingenua pero no tanto…).

Eindhoven shopping centre with funny colour doors.
Centro comerciak en Eindhoven con puertas de colores divertidas
Hablando de drogas y colorines…

Desde la cafetería creo recordar que fuimos a cenar (y digo creo porque ya hace bastante tiempo y en este viaje no llevaba libretilla, mal pensados). Cenamos en un barecillo a medio camino entre una chippy y un bar de tapas andaluz. Entramos y pedimos con seguridad:

  • Nosotras (señalando): Una ración de eso, otra de esto, dos de aquello y una cerveza.
  • Señor del bar: ¿Pero para comer en la mesa?
  • Nosotras: Sí, por favor.
  • Señor del bar: ¿Entonces en la mesa y no en el plato?
  • Alba (a mí, en un aparte): ¿Pero tú le has entendido? ¿Ha dicho que si queremos comer en la mesa?
  • Yo (a Alba, en un aparte, muy segura): sí sí, claro, es un chiste, como hemos dicho que sí a comer en la mesa nos hace el chiste de si no queremos plato. (Al señor de bar): jiji jajja…claro, claro, con plato. (Para mí misma): qué lista soy y qué humor tan raro tiene esta gente.

Nos sentamos a esperar que nos sirvieran nuestro cono de papel relleno de patatas fritas con salsa de trufa, unas croquetitas (o similar) y las famosas bitterballen, que no se diferencian demasiado de una croqueta, pero son redondas y se comen de un bocado, de ahí el nombre (que yo sin tener ni pajolera idea de holandés he decidido que se traduce como bola de bocado). Y durante esa espera pasó algo que explica porque he reproducido la conversación de besugos de arriba: les sirvieron la comida a nuestros vecinos EN LA MESA. No, no era un chiste y yo no era una espabilada de la vida como pensaba, es que resulta que esta gente es la ostia de guay y de super amigos del medio ambiente así que para ahorrar en desechables te ponen un trozo de papel y te sirven la comida directamente ahí encima y se quedan tan panchos…

Flower wall in Eindhoven, urban decoration. Decoración urbana en Einsdhoven: un muro de flores de colores.
Una espabilada de la vida flipando con flores de colores

En fin, viajando se aprende y se empapa uno de la cultura local. Y en la cultura local de los Países Bajos es innegable que la cerveza juega un papel crucial así que nos dirigimos a consumir algo de cultura de la mano del profesor de la cerveza (De Bierprofessor). Entre otras cosas aprendí que 7 grados es más bien mucho para una cerveza pero que en esta zona del mundo saben lo que se hacen cuando se ponen a fermentar sus trigos

No sé si fue por la influencia del profesor y sus enseñanzas pero terminamos la noche en un lugar de colores llamado Villa Fiesta bailando electrónica y rodeada de estudiantes que bebían a morro de botellas de vodka caramelo (nosotras no, que somos unas señoritas con clase alrededor de la treintena y ‘ta feo…). Y ya está bien por hoy, que esto ha sido solo un viernes…

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