72 horas in Bélgica y Holanda: Amberes

72 horas in Bélgica y Holanda: Amberes

Como el primer día casi nos habíamos agotado todas las cosas que ver en Eindhoven, al segundo decidimos saltar de ciudad, y ya que nos poníamos, de país, eso sí, después de desayunar en un mercadito en Market Square. Prioridades. Nuestro destino era Amberes, en Bélgica, también conocida como Antwerp, o Antwerpen, o Anviers, o Antuerpia… a esta ciudad le pasa un poco como a mi, que cada cual usa el nombre que quiere. Palabra de Niv Nito.

Como ya conté hace un par de entradas, aquí la gente de información de transporte tiene como requisito esencial ser borde y ayudar lo menos posible (no hay otra explicación…) así que era casi mediodía cuando por fin llegamos al autobús que tocaba, y pagando el doble. Alerta para viajeros inocentes: los tickets duplican su precio 30 minutos antes de la hora de salida, para que no os pase lo que a dos pardillas que yo me sé…

El Flix bus nos llevó desde los Países Bajos a Bélgica sin glamour ninguno…ni una aduana, ni una valla, ni gente con metralletas en la frontera…así casi no te enteras que has cambiado de país…¿imagináis que horrible y aburrido sería si todas las fronteras fuesen así? </mode utopic hippy irony off>

Nada más bajar del autobús, e incluso un poco antes que ya empiezas a ver los edificios y esa estación central maravillosa, te das cuenta de que Amberes es preciosa. No interesante, o curiosa, o divertida. Preciosa en ese estilo europeo que rezuma historia y arte en cada fachada, en cada calle y en cada plaza, preciosa en la majestuosidad de los edificios que han sido testigos del paso de los siglos y sus gentes…Preciosa un poco así:

Map of every European city
Mapa de cada ciudad europea

Paseamos por la estación central, una con inspiración fotográfica (el edificio es digno de un fondo de pantalla del Windows), otra con dolor de cabeza (hay gente que ya no está para los trotes de Villa Fiesta). De la Antwerpen-Centraal nos dimos otro paseito hacia el hotel apreciando la belleza de los edificios, pero con el aprecio limitado que genera un estómago vacío…Técnicamente no era un hotel sino un estudio de soltero/a súper molón a no más de cuatro sueldos de ser digno de Barney Stinson y que encontramos por AirBNB. Tengo que reconocer que yo no soy muy fan de usar esta plataforma por los efectos negativos que tiene en los habitantes del centro de capitales turísticas, pero que queréis, tampoco soy muy fan de dormir en la puta calle así que es cuestión de reordenar un poquito tus prioridades.

El pisito daba justo a la Theaterplein o plaza del teatro, y la casualidad, que es una plaza con un teatro. Y ahí estaba el mercadito de comida en el que queríamos comer. Obviamente no hubo que pensarse mucho el plan: bajar a comer al Mercado Exótico (se llama así) y llenar la panza como si no hubiera un mañana. Problemilla: de tanto dar vueltas babeando por los stands sin decidirnos donde hincar el diente, empezaron a cerrar y cuando por fin nos decidimos quedaban unas dos cosas para elegir. Solución: terminar jincándose un bocadillo de tortilla con chorizo en mitad de una ciudad belga. Y bien bueno que nos estuvo. Por cierto, jincar es un verbo aceptado por la RAE, por si las dudas. Rematamos con un café en un puestecito muy cuqui y alternativo regentado por un señor brasileño, o francés, o belga…no recuerdo exactamente, pero que hablaba español porque había vivido en Granada (por la pinta de jipi yo diría que en la Alpujarra…) y servía cafés de todos los colores y sabores. Alba fue a lo seguro y pidio un café con sirope de avellanas, pero aquí la menda, aventurera por naturaleza que es una, decidió pedirse un café al que el jueputa habia decidido llamar “Bombón”. No el típico cafe bombón español que te endulza la vida, no…café bombón con ralladura de lima. LIMA. La fruta verde que sabe a limón amargo, esa lima. Y me dice el colega que si me pasa algo, que no tengo buena cara…Pos que m’as dao veneno, amigo, ¡¿qué cara quieres que ponga?!

(Ahora hablando en serio, recomiendo este puestecito de café a todo el que vaya y se pida cosas normales porque el de Alba estaba tremendo)

Estación central de Amberes,
Antwerp Central Station
La estación central de Amberes de la que hablaba al principio. ¿A qué es nonita?

Tengo que reconocer que me espabilé bastante después de eso, pero no sé si de la cafeína o del miedo, ya que habíamos decidido que el resto de la tarde y para que nos cundiera un poco más, íbamos a ir en bici, y yo hacía unos añitos ya que no pedaleaba y menos por una ciudad de tamaño medio tirando a grandecete. Pero una de las ventajas de visitar estas ciudades centroeuropeas tan verdes y tan progres (y tan planas, no nos engañemos) es que puedes alquilar bicicletas de la forma más sencilla imaginable y conducirlas fácilmente porque aquí los carriles bici son carriles bici de verdad… En Amberes concretamente el plan era que pagabas online 4€ y te enviaban un mensaje al móvil con tu número de usuario y contraseña, que podías usar en cualquiera de los muchos puntos Velo de la ciudad. En estos puntos había una maquinita donde introducías tu usuario y contraseña y te desbloqueaba una de las bicis aparcadas en ese punto. Y ya no tienes que volver a pagar en 24 horas a menos que no aparques la bici en media hora, pero de todas formas, el recargo por pasarte de los 30 min es poca cosa…

En modo Verano azul (yo quería ser Bea pero le doy mas un aire a Piraña…) nos fuimos viendo mundo hasta el museo Museum aan de Stroom (MAS), el museo más grande de Amberes construido en dos materiales, ladrillo rojo y cristales, tanto por dentro como por fuera, y plantado en mitad del agua, agua que a su vez estaba rodeada por más ciudad. Creo que necesito poner un mapita de Amberes para que se entienda la relación simbiótica entre la ciudad y su río porque es difícil de explicar de otro modo, y explica porqué el puerto de Amberes es tan importante (el segundo más grande de Europa) cuando ni siquiera tienen mar…

Mapa de Amberes,
Antwer map
Mapa de Amberes dónde se aprecia como el agua va por dónde le parece

Volviendo al museo, es un edificio…curioso, con una colección…curiosa…y unas exhibiciones…curiosas. Noto como que me faltan palabras para definirlo de otro modo. Facilitando mi vida, una imagen vale más que mil palabras:

Skull with flowers and butterflies 
Calavera con flores y mariposas
Lo dicho…curioso…

La azotea del museo ofrece además las mejores vistas de la ciudad, incluyendo el río y el castillo Steen. Es alto (8 plantas) pero en verdad da un poco igual porque mira que ésta tierra es plana (¡me refiero a la zona, no a que yo crea que la Tierra sea plana!).

Ya que estábamos por la zona, volvimos a nuestras bicis y pedaleamos unos 10 minutos hasta la Zada Hadidplein, que lleva el nombre de la arquitecta que diseñó (y murió sin ver terminado) la Port House (o casa del puerto). Bueno, técnicamente el edificio ya estaba allí, pero ella le hizo un tupé a lo Elvis que puedes definir de muchos modos pero no como discreto…Se supone que representa la unión de la que hablaba antes entre la ciudad y el agua (el edificio antiguo que era una estación de bomberos como la ciudad y el tupé de cristales como las olas del mar cuando las baña el sol). Sin saber mucho (o nada) del tema, imagino que la construcción de este edificio debe haber despertado alguna que otra polémica:

Port House in Zada Hadidplein
La casa del puerto
Amberes casa con edificio de cristales encima
«Creo que esta casa va a estar más guapa con tupé azul»

Nana-nana-nananá-na-ná-nana-nana-nananá-na-ná…De vuelta a las bicis, ahora por el otro lado del canal (al que probablemente no sea correcto llamar canal) hasta el túnel de St. Anna, disfrutando por el camino de las vistas a ambos lados (río y ciudad).

Museum aan de Stroom (MAS)
Museo de Amberes de ladrillo rojo
Antwerp Museum red bricks
Museum aan de Stroom (MAS) visto desde la bici. Y media bola de golf gigante flotante.

Subimos con las bicis a un ascensor gigantesco que nos llevó hasta el túnel subacuático que une las dos orillas. No nos quedamos mucho en esa zona porque ya anochecía, pero merece la pena por ver la silueta de la ciudad desde el otro lado, los edificios recortándose contra el cielo y reflejando los colores del atardecer.

Antwerp skyline
La silueta de Amberes
Atardecer en Amberes
Todo ese cacho de agua nos lo cruzamos en bici por un túnel subacuático

Vuelta a nuestras velos (que dolor de culo me esperaba al día siguiente…) y al centro de la ciudad, que ya iba siendo hora de merendar (podríais pensar que sólo pienso en comida pero eso es mentira…a veces también pienso en bebidas). Además creo que es delito capital estar en Bélgica y no comerte un waffle (gofre), yo diría que hasta te quitan puntos del carnet si no los pruebas…así que por no arriesgar nos sentamos a degustar nuestra bien merecida recompensa en una heladería que me gustaría recomendar pero que no lo voy a hacer porque (cerebro buscando excusa plausible y decantándose por usar la verdad)…porque no me acuerdo del nombre…

Os acordáis lo que dije al principio sobre la belleza de esta ciudad? Pues en el centro histórico esa belleza es aún más notable: desde la Catedral a las callejuelas laberinto, pasando por la Grote Markt o Plaza del Mercado. Esta plaza es uno de esos lugares donde se te descuelga la mandíbula observando cada detalle de la arquitectura barroca de esas casas gremiales terminadas en esculturas doradas o de la fuente dedicada al fundador de la ciudad Silvio Brabo, o de la imponente presencia del Ayuntamiento. La verdad es que en este último los detalles me quedaron un poco menos claros, quizá por el hecho de que estaba en obras y por tanto cubierto por una tela gigante. Que en la tela estaba dibujado el edificio, sí, pero un dibujo no es igual que la realidad, y si no me creéis id a hincarle el diente a un bodegón.

El casco antiguo de Amberes
La plaza del mercado
Market square antwerp at night
Antwerp old city
Una muestra de lo que mola la Plaza del Mercado, y eso que la fotógrafa no da para mucho y de noche para menos…

Nos habíamos ganado bien la cena (patatas fritas con salsa de trufa otra vez, creo recordar que seguidas de unas chocodillas pero no apostaría mi cabeza a que esto es verdad) y sobretodo, una cervecica, que es el mejor colofón final al día. Y si encima esa cevecica entra en un antrillo heavy de los míos ( Kid’s Rhythm ‘n’ Blues Kaffee) con un concierto en directo también de los míos (Amörtiseur), y espectáculo erótico-festivo incluido (aunque no era ni para todos los gustos ni para todos los públicos) entonces ya no se puede pedir más. Bueno, sí: otra cerveza.

Y ya puestas a pedir podríamos haber pedido que nos hubiera durado la batería del móvil el tiempo suficiente para haber hecho fotos de todo esto, o para desbloquear nuestras bicis, o alguna que otra tontería como poder consultar Google Maps y ser capaces de llegar a casa por nosotras mismas. Pero como no pedimos no se nos dio, y ahora solo nos queda agradecer a un par de chavales locales su inestimable labor como guías mientras teníamos una de esas típicas charla de arreglar el mundo que se tienen en las horas golfas. . .Y con esto digo yo que ya iba siendo hora de dormir, que el día siguiente era intenso y lo que pegaba era descansar y no, que te digo yo, ponerse a bailar electro en un salón…

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Un comentario sobre “72 horas in Bélgica y Holanda: Amberes

  1. Te lo pasaste bien, eh gachona?
    Me apunto esa ciudad como imprescindible cuando viajemos a Bélgica, aunque si echamos un mes en ver Bélgica como quiere Sergio seguro que la íbamos a disfrutar…

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