24 horas en Rotterdam

24 horas en Rotterdam

Las primeras horas de la mañana pasaron en esa bruma cerebral que nada tiene que ver con el tiempo y mucho con ser una señora mayor que ya no está para hacer de taster en antros oscuros. No recuerdo ahora mismo si desayunamos o no, pero sí que volvimos a Bélgica en otro de esos maravillosos Flixbuses con conductor supermajo (el sarcasmo aquí es inconmensurable). Nuestro siguiente destino era Rotterdam, que a mí solo me sonaba por el señor Erasmus (humanista, filósofo, filólogo y teólogo del siglo XV) y que por tanto imaginaba así un poco renacentista, o en términos millennials, viejuna. Y siguiendo con las tendencias millennials: fuimos a Rotterdam y no os imagináis lo que pasó después.

Después de dejar toda la parafernalia en nuestro hotelito y comer unos noodles acelerados, alquilamos unas bicis de la republica de los burros, una empresa de alquiler que por unos 12 euros te deja alquilar tu bici por un día entero y pasearla por donde tu quieras. Te descargas la app, te registras y pagas, acercas el móvil al candadito y voilà: habemus bici. Cuando te paras cierras el candadito y cuando la vuelves a necesitarla le acercas tu móvil y le das a desbloquear otra vez. Igual a los que hayáis crecido con un smartphone como extensión de vuestras extremidades superiores esto no os flipa tanto como a mí, pero yo que casi vi nacer al MS-DOS alucino con avances tecnológicos tan moernos.

Donkey republic bike in Het park,
orange bike, bici naranja, bici de Donkey Republic en el parque Het, parque del Euromaster, en Rotterdam
Mi burrita tecnológicamente avanzada

Una cosica que quiero aclarar, yo cuando en el blog enlazo páginas no es porque me den comisión ni nada, es porque me han molado y punto. Así que puedo decir lo bueno y lo malo, y lo malo es que mi bici llevaba el sillín algo suelto y me violaba un poco en cada semáforo…

La primera parada era el Markthall, un mercado de los de quedarse a vivir allí. Mucho mucho queso y muchos muchos waffles. Bueno, y más cosas, según la página oficial hay 100 puestos…hasta jamón de bellota tenían por allí…Consejo número uno si vas a visitar Rotterdam: No vayas al Markthall después de haber comido porque lo vas a pasar muy mal.  Para terminar comiendo igualmente aunque no te haga absolutamente ninguna falta.

La magia de este mercado no está solo en sus puestos sino también en el edificio que lo alberga: es un edificio con una estructura y un diseño únicos: residencial y de oficinas por la parte de fuera, delicioso y colorido por dentro.

Markthall, markethall in rotterdam, flowers and fruits in a building.
Edificio de mercado en Rotterdam con dibujos de flores y frutas
Markthall. Toma arquitectura renacentista…

En otras condiciones pensarías que a esta gente se le ha ido la olla con ese edificio pero no…se les ha ido con todos. Desde la estación de tren a los edificios de oficinas, pasando por la biblioteca, las paradas de metro, los puentes, las casitas residenciales… Para mí que aquí diseñan con un lápiz en una mano y un porro en la otra. Uy, perdón si he ofendido a alguien, quería decir con un ratón y un porro, que estas cosas están ya digitalizadas…  

No hay otra manera de explicarse esa originalidad y esa falta de respeto por nociones básicas de física y mecánica que les lleva a colocar ventanas bocabajo o apoyar cubos sobre un vértice, por ejemplo.

Las casas cubo de Rotterdam, cube houses in Rotterdam, edificio que parece un lápiz, pencil style building.
A eso me refería exactamente…

Sorprendemente estas casas no son solo decoración urbana, sino que son viviendas reales con gente normal (kind of…) viviendo dentro. De hecho, uno de sus habitantes ha decidido sacarse un suplemento abriendo las puertas de una de estas 38 creaciones  y por 3 módicos euros puedes observar su maravillosa colección de figuras de star wars y el señor de los anillos (me comentan que esto no es parte de la exhibición, pero bien bonitas que son, oye) y por supuesto, apreciar cómo es vivir dentro de las Kubuswoning: rayante. Imagino que al final te acostumbras a vivir ahí pero la pregunta es…¿Por qué?  

Las casas cubo de Rotterdam, cube houses in Rotterdam, edificio que parece un lápiz, pencil style building.
No sé si estoy mirando a paredes, techos o suelos…

Después de hacer mil y una fotos para demostrar que no estábamos imaginando cosas (que en este país tampoco sería tan raro…) y que efectivamente los edificios eran raros, seguimos nuestra ruta en bici cruzando el puente Willems sobre el río Maas. Y retomando aquello que dije al principio de que yo me esperaba una ciudad renacentista (porque sí) y me lleve un fiasco: resulta que a esta ciudad se la conoce también como San Franciso del Maas. Maas por ser el nombre del río sobre el que íbamos cabalgando nuestras burritas y lo de San Francisco porque…¡Exacto! Porque se parece a San Francisco. Con sus puentes gigantes y sus rascacielos acristalados y todo. Aquí una fotito del Erasmusbridge desde el Wilems:

Erasmus bridge in Rotterdam, puente Erasmus en Rotterdam
¿Unas piernas de mujer alzadas? ¿Una guitarra? ¿Un “qué te han dado por esas tierras que ves cosas?”

Y aquí una del puente Willems:

Willems Bridge, red bridge in Rotterdam, Puente Willems, puente rojo en Rotterdam
Aaaaah…ahora pillo lo de San Francisco…

Y para terminar una del skyline desde el otro lado, un atardecer precioso que en principio íbamos a admirar desde una torre que según Sr. Google Maps habían construido por allí. Tras años llevándome a mi destino no me esperaba esta traición: la aplicación terminó guiándonos hasta un edificio de oficinas con un ascensor PRIVADO. Se lo he perdonado porque las vistas del atardecer molaban y porque yo no sé pa’ donde tirar si no me lo dice el móvil. La orientación no es precisamente mi mejor aptitud, como confirmaran los que saben que una vez me perdí porque habían movido los coches aparcados que servidora había decidido usar como referencia espacial inamovible y certera…

Rotterdam skyline
Prometo que no es una foto de flipada, sino que estaba sujetando las gafas con el meñique y resbalaron en el momento justo de hacer la foto y me pareció que quedaba “artístico” (que buen concepto ese, ahí entra todo…). Si la hubiera hecho a propósito habría limpiado las gafas antes…

De vuelta a nuestros vehículos no motorizados y a la ciudad, a terminar la noche cenando una especie de kebabs y paseando por un parque con “zurullitos?” No sé de qué otra forma describir este parque donde algún brillante diseñador o diseñadora de espacios urbanos decidió que sería una gran idea construir, en un barrio plagado de coffee shops, pubs, y tiendas de hongos de la felicidad, un parque con césped con un charco en mitad completamente verde y rodeado de bancos a la imagen y semejanza de zurullitos gigantes de colores. Un mundo mágico para vivir experiencias extrasensoriales…aunque no tan bonito como los rincones del Distrito Cool (se llama así) con sus plantas y luces colgantes. También es verdad que no hace falta subir muchos escalones de belleza para superar un parque con cacas arcoiris

Esta noche decidimos acabarla un poco más temprano, en parte porque yo soy una señora mayor que no sale los domingos, sobretodo después de haberlo dado todo y un poco mas en dias anteriores, y en parte para poder terminar de explorar Rotterdam al día siguiente, antes de volver al aeropuerto de Eindhoven.

Al día siguiente volvimos, despues de un super desayuno en el Marktaal, al barrio donde habíamos estado la noche anterior, un barrio muy hip con arte urbano y grafitti, según leímos algunos hechos por gente con todo tipo de dificultades. Y como dice la sabiduría popular, una imagen (o diez) valen más que mil palabras.

Por algo le llaman el Distrito Cool

Terminamos nuestra ruta con un paseo en bici por el parque Het Park antes de comer en la estación y volver en tren al aeropuerto de Eindhoven, donde un estúpido avión de Ryanair nos devolvería a nuestra realidad habitual, poniendo fin a esta pequeña aventura…

Hasta la próxima 🙂

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Un comentario sobre “24 horas en Rotterdam

  1. Le he preguntado a Sergio, y Rotterdam fue destruida en más de un 90% en la Segunda Guerra mundial, por lo que la ciudad es nueva. No existe un «casco antiguo» y eso.
    Han permitido que hagan de la ciudad lo que han querido mentes artísticas y me parece genial.

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