Destino Estocolmo: un finde en la ciudad del arenque en vinagre

Destino Estocolmo: un finde en la ciudad del arenque en vinagre

Pues ya estoy otra vez enfrente de una página en blanco para venir a contar que me he ido de viaje otra vez…que ya está bien, que llevaba sin coger un avión desde finales de enero y estábamos ya a principios de marzo y oigan, hay que alimentar al mono…He cambiado de trabajo (otra vez) pero sigo sin ser rica ni famosa así que volví a escoger destino de mi manera favorita: “Querido skyscanner mágico, ¿hay este mes algún vuelo barato?”

Pues lo había (£35 por los dos ida y vuelta), así que con la emoción compré los billetes ( Estocolmo viernes 1 – lunes 4 de marzo), reservé el hotel (es un barco…¡un barco!), los tickets de los autobuses del aeropuerto al centro (Flyburssana) y después le pregunté a Fergus que si quería venir a Estocolmo y a mi jefa que si me aprobaba el día y medio de vacaciones. Todo en el orden correcto, según he aprendido. Si se piensan demasiado las cosas terminan por no hacerse…

Estocolmo de noche, mar congelado, luces reflejadas en el mar, vistas desde Södermalm
Y si no te lo piensas demasiado pues terminas en sitios así…

Eran poquitos días (por alguna extraña razón siempre ando escasa de días de vacaciones) y que había que aprovechar al máximo, así que me puse a diseñar itinerarios, cargar la tarjeta de viaje, investigar opciones…yo viajo muy preparada para que me pasen menos cosas raras. Y yo creo que va funcionando, últimamente no me han detenido en ningún aeropuerto por tráfico de drogas ni de calabacines…aunque eso no quita que sea una despistada de la vida y termine tirando mis gafas a la basura del avión con los restos de mi sandwich (verídico, a mi pesar).

El viernes salíamos después de trabajar pero como nos había tocado primera fila en el avión, fuimos los primeros en cruzar seguridad y el aeropuerto de Skavsta era casi de juguete, para las 7.30 de la tarde ya estábamos en la estación central de Estocolmo comprando chuches al azar basándonos en los colorines de la bolsa. Al parecer en Estocolmo les encanta el regaliz, peor aún: el regaliz salado. Mis papilas gustativas aún lloran al recordar este momento…

Desde la estación fuimos paseando a la luz de la luna (se hacía de noche a eso de las 5.15) hasta el barcotel. La ciudad de Estocolmo está formada por 14 islas y muchos muchos puentes. Desde la estación que está en la isla Norrmalm (tiendas, estaciones, hoteles caros) cruzamos hasta Helgeandsholmen (gobierno y museo medieval y nada más porque no cabe) y de ahí a Riddarholmen (Gamla Stan o casco histórico: cosas bonitas y un número exponencialmente creciente de tiendas de souvenirs a medida que avanzas) hasta Södermalm (la isla barrio considerada más hipster and cool de Estocolmo) dónde estaba nuestro barco hotel. Cuatro islas en un recorrido de unos 25 minutos. Bueno, 25 min según Google Maps que no tiene que pararse cada 2 minutos porque madre mía qué bonitas se reflejan estas luces en el agua desde el puente (foto), qué cosa de luces tan curiosa es esa (foto) mira qué edificio tan bonito (foto), eso de ahí es un moomin! (foto), a mi madre le gusta Pippi Calzaslargas (foto), pero qué pasada de vistas (foto), se me han congelado los putos dedos! (no foto).

Pippi calzaslargas, moomins, gamla stan, edificio del gobierno en Estocolmo, Estocolmo de noche, torre Sergels
Las fotos culpables del comienzo de hipotermia

Así que en vez de 25 igual fue hora y media y cuándo llegamos al sitio dónde teníamos planeado cenar (Stömminnsvagren?) resulta que estaba cerrado. Es una especie de puesto en la calle que según trip advisor vende el mejor pescado típico de Estocolmo (y también pickled herring, pero tampoco somos tan aventureros…al parecer no está bien visto comer eso dentro de casa porque puede apestar a los vecinos, no digo más…). No nos duró mucho la decepción porque eso significaba comer en un sitio caliente, y cuándo estás a -6 grados esos pequeños detalles se agradecen. Cenamos en un sitio llamado Blå Dörren (Puerta Azul) donde por sólo 368 coronas (unos 35 euros) que no está nada pero que mal para esta ciudad, nos zampamos estos platos bastante decentes:

pytt bellman, trozos en sarten, cerveza sueca sin alcohol, mariestads, albóndigas suecas, comida sueca
Albóndigas a la Ikea para Fergus, Pytt Bellman para mí (significa “trocitos en sartén”, y viene a ser eso…) con zumo de lingonberry y cervecita sin alcohol.

Una vez recuperada la temperatura corporal de personas vivas continuamos nuestro camino con otro precioso paseo por los puentes, y junto al mar disfrutando de unas vistas nocturnas preciosas, hasta llegar a nuestro camarote en STF Rygerfjord. Yo iba más feliz que una perdiz con la idea de dormir en un barco, y aún más cuando llegamos y vi los bloques de hielo flotando alrededor (me emociono con poca cosa) así que dormí como un angelito (pero un angelito en el infierno, porque la temperatura del barco era tipo Almería en Agosto).

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No es glamouroso ni especialmente cómodo…¡pero es un barco! ¡un barco!


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