Sábado en Estocolmo: más albóndigas.

Sábado en Estocolmo: más albóndigas.

Si algo hemos aprendido en nuestras rutinas viajeras es que el nivel de horas de sueño que necesita uno es directamente proporcional al nivel de nervios que acumula la otra. Así que mientras Fergus dormitaba cuál princesa Disney (concretamente me viene a la mente la que se pinchó en la rueca y tardó en despertar 100 años) yo me levanto temprano y con energía y me voy a explorar los nuevos mundos que me rodean. Con la alegría de ver el cielo azul me aventuré hasta el final de la isla pasando por delante del impresionante edificio que es actualmente el Centro de conferencias (el Münchenbryggeriet de toda la vida), otros edificios bonitos sin nombre y un buen número de barcoteles (barco-hotel = barcotel, patento la palabra desde ya). No esperaba ver mucha gente en mi paseo dado que a esa hora los humanos normales suelen dormir…pero eh, amigos, ahí está mi error: los suecos no son humanos normales. Son altos, guapos, rubios y deportistas, y ahí estaban todos ellos, un sábado a las siete menos cuarto de la mañana, corriendo como si les persiguiesen los zombies. Y lo mismo al día siguiente, haciendo caso omiso de la tormenta de nieve que les caía encima. No lo mencionaría si me hubiese cruzado un corredor o dos, pero lo menciono porque igual fueron 50 o 60 entre los dos días, y juro que esta vez y sin que sirva de precedente no estoy exagerando. Y no, no era una carrera. Era gente super guay cuidando sus cuerpos de dioses escandinavos amantes del sandwich de pepino.

En algún momento me desvié de la ruta de los corredores y subí a una colinita cercana (Monteliusvägen) y ahí sí que encontré la paz: disfrutando de unas vistas impresionantes de la ciudad de Estocolmo, como único sonido de fondo el canto de las aves saludando a la mañana.

Monteliusvägen, colina en Södermalm, las mejores vistas de Estocolmo, hill in Södermalm, best views in Stockholm, panorámica de Estocolmo, Stockholm panorama
¡Y es que este cielo es azul como el mar azul…! Ea, ya tienes a Cristian Castro en la cabeza para todo el día. De nada.

Antes de las 9 ya estaba de vuelta en el barco. Con Fergus ya convertido en persona subimos a “cubierta” a desayunar (estilo buffet, 8.5 €), dónde servidora iba dispuesta a probarlo todo. Recuerdo que en Noruega había una especie de botes de quesos con sabores para untar al pan, así que vi un bote así y me apresuré a embadurnar mi tostada de pan sueco marrón…con gambas untables. Existiendo la nutella y el aceite de oliva…¿de verdad era eso necesario? Nota mental para la futura yo: aprender nombres de cosas que me dan asquito en otros idiomas y evitarlas a toda costa.

Después de un lavado concienzudo de lengua y tras un pequeño rodeo (no, sr. Maps, no vamos a girar a la izquierda por muy sólidas que parezcan esas placas de hielo), a las 10 estábamos listos para comenzar el tour gratuito de la ciudad vieja. De la mano de Albena recorrimos las calles y la historia de Gamla Stan (casco antiguo) y descubrimos tradiciones y curiosidades que van dando forma a esta preciosa ciudad: manchas oscuras en su historia (el baño de sangre de 1520), el carácter práctico de sus habitantes (plazas grandes llamadas “plaza grande” y calles largas llamadas “calle larga”, pa qué calentarse más la cabeza), su actitud tolerante en temas religiosos (iglesias que permiten el matrimonio gay, por ejemplo) y su ingenio. Alguna muestra que recuerdo de este ingenio es la historia de un señor mercader al que prometieron que darían su nombre a una calle pero pensaron que igual encima de hacerse rico no merecía una calle, así que sin incumplir su promesa le dieron la calle más estrecha de la ciudad; o las historia de los espejos (espejitos cóncavos que reflejan la primera y última luz del día y la proyectan a través de la ventana para sacar más partido a los escasos rayos de sol, y que en tiempos pre-facebook también proyectaban lo que hacían los vecinos) o los ganchos de las paredes (que si no recuerdo mal se usaban para levantar maridos borrachos ¿?).

Gamla Stan, viking rune, protestant church in Stockholm, mirrors on the walls, narrow street. 
Estocolmo: ciudad vieja, calle más estrecha, runa vikinga, espejos en la pared, aprovechar luz solar, iglesia protestante.
Fotos de Gamla Stan, incluyendo runas vikingas, la calle que te motiva a perder peso y uno de los espejos cotillas.

Una mañana tan bien aprovechada obviamente da hambre (y frío), así que desde el tour nos fuimos a comer a una cafetería cuqui de la ciudad: Fergus, el típico sándwich abierto de albóndigas (tienen una obsesión importante con las bolas de carne en Suecia) y yo, una opción menos típica pero bastante más calentita: sopa de champiñones.

Estocolmo: sopa de champiñones, bocadillo abierto, bocadillo de albóndigas. 
Mushroom soup, meatballs sandwich, open sandwich.
Además de comida decente, el sitio tenía baño y calefacción. Todos nuestros sueños cumplidos.

Continuamos acorde a nuestra hoja de ruta dando un paseo hasta uno de los embarcaderos de la ciudad, justo a las puertas del imponente palacio real (Kungliga Slottet), que se veía ligeramente eclipsado por las vistas del otro lado de la ciudad y sobretodo por el espectáculo de estos deportistas de élite:

frozen sea, surfing duck. Mar congelado, pato surfeando, placas de hielo, pato surfero
A lo mejor crees que molas, pero nunca puedes molar tanto como este pato surfeando sobre una placa de hielo

Teníamos un descuento de booking para uno de estos barcos turísticos, pero no lo recomiendo ni siquiera con el descuento: hay barcobuses conectando las islas que salen mucho más económicos y lo que es más importante, no dejan de funcionar a las 3.30 de la tarde…Nosotros caímos como pardillos (para que otros puedan aprender de nuestros errores, tenemos el corazón así de grande) y pagamos el tour de 24 horas hora y media antes del cierre. Primero nos dimos una vuelta completa porque lo cierto es que merece la pena ver la ciudad desde el agua, especialmente si los planetas se han alineado y te ha tocado un día de marzo con cielos completamente azules. Y dato curioso (para mí): me pasé mi infancia preguntándome de dónde venía el nombre del Tivoli World de Málaga, que me sonaba a mí como demasiado internacional para un parque malaguita…pues resulta que en Estocolmo hay uno y al parecer es una cadena, lo cuál explica qué narices pinta un Tivoli en Málaga, que es dónde se esconde la gente mayor europea que no cabe en Torrevieja.

Views from the boat. Stockholm cruise. Stokholm islands. Tivoli world. 
Vistas desde el barco, crucero de Estocolmo, islas de Estocolmo, Tivoli world.
Viendo este collage se entiende que la bandera sueca sea azul….

A la segunda vuelta del barco (en poco más de media hora se hacía las 7 paradas) nos bajamos en la parada noroeste de la isla de Djurgården para ir al museo Vasa. Es el museo más visitado de Escandinavia, tiene unas reseñas de maravilloso p’arriba en tripadvisor y cuesta 13 eurazos. Con estos datos dedujimos (erróneamente) que el museo tenía que ser la leche al cuadrado, el típico museo que te deja ojiplático y extasiado. Pues mira, lo voy a decir: es un barco. Un puto barco. Un barco muy grande, muy viejo y muy bien conservado, pero un barco. Un barco de guerra que iba a ser bandera en la invasión sueca de Polonia en el siglo 17 pero que se les hundió en el primer viaje a los pocos minutos de haber zarpado (esos ingenieros descuidados, hay que hacer más testing), y recuperado del mar años después, pero sigue siendo eso: un barco. Si te molan muchísimo los barcos, ve, no te lo pienses, disfruta. Si no…pues no sé, piensa qué puedes hacer con 13 euros y hora y media de tu vida aparte de ver un barco, leer sobre barcos, escuchar hablar de barcos o ver un documental de barcos. ¿A qué ya cansa tanto barco en este párrafo? Pos eso.

Vasa ship, vasa museum, museum Stockholm. Museo vasa, barco vasa, museos de Estocolmo.
Un barco.

Por entrar a ver ese barco perdimos el barco que debía llevarnos a descansar a nuestro barco (ya, ya paro, prometo dejar de usar la palabra barco 17 veces por minuto) y tuvimos que usar un medio de transporte alternativo, que en mi pueblo (y a lo mejor en el tuyo) se conoce como el coche de San Fernando: un ratito a pie y otro caminando. Con ésto de que la ciudad está hecha de islas y los puentes no están donde tú los necesitas, el coche llegó quemaíllo al centro y los pies habrían echado humo si no fuese porque estaban empezando a criar carámbanos y pedían a gritos un descanso. Y no se lo podíamos negar con lo bien que se estaban portando, menos aún teniendo la excusa perfecta: Fika.

Fika es mi palabra sueca favorita (de las 4 o 5 que componen mi extenso vocabulario) porque es un concepto que no tiene una pega: es la idea de parar a tomar un café (y a ser posible tarta) con gente, y es tan importante en la cultura del país que incluso en el trabajo tienen paradas para practicar “fika”. Viene a ser una versión dulcificada y calentita de echar una cerveza con los colegas, pero mucho más organizada e institucionalizada porque eh, estamos hablando de Suecia. Espero haberme explicado bien por si hay suecos en la sala…

Schweizer café, cafetería, punsch roll, fika, escaparate flores, naranjas, oranges, flower window
Descanso, café, buena compañía y un punsch-roll: hay que fikear más.

Después del merecido descanso en la cafetería Schweizer, seguimos paseando por el barrio de Katarina Sofia en Södermalm hasta la hora de cenar. Hay algunos museos interesantes por la zona pero tienen esa manía de cerrar a su hora aunque a mí no me convenga así que nos quedamos sin chute intelectual (me niego a contar el Vasa como museo: es un barco) y pasamos al eterno plan B: comida. Cenamos en el restaurante Tiffanny algo así como trozos de hamburguesa encima de ¿cereales?, y aunque estaba tremendo yo aún no he superado la decepción de no haber cenado en un sitio con overbooking pero con el nombre más encantador del mundo: Omnipollos.

Hablando de sitios con overbooking, parecer ser que es recomendable reservar (entrar en la lista) para ir a discotecas y clubs a menos que estés dispuesto a comerte una cola kilométrica a -2 grados, como aprendimos en nuestro intento fallido de ir al Södra Teatern, un teatro-restaurante-club-pub-lo-que-toque que parece bastante popular pero al que no llegamos a entrar…quizá era el universo mandándonos a la cama un rato…

0

Deja un comentario