Domingo en Estocolmo: rojo sobre blanco

Domingo en Estocolmo: rojo sobre blanco

El domingo era nuestro último día “hábil” de vacaciones, así que la sangre escandinava que no tengo me despertó a las 7 de la mañana fresca y lozana y con ganas de irme a correr como una sueca más. En la ducha iba imaginando la felicidad de salir a la calle, abrir los pulmones y saludar al sol de Estocolmo…

niebla en Estocolmo, nieve en Estocolmo, hielo en el mar, hielo en Estocolmo. Fog, snow, ice in Stockholm.
…un saludo que nunca llegó a producirse porque el sol no se dignó a asomar el bigote.

Aún así no me dejé amedrentar por el frío, la nieve ni el viento y volví a irme de paseo por las calles de Södermalm con el moquillo colgando hecho chuzo. No quiero exagerar pero hacía un rasca que hasta las estatuas habían sacado las bufandas.

statues with hats, statue with a scarf. estatuas con gorros, estatua con bufanda.
Un poco triste que dos estatuas callejeras sepan colocarse la bufanda con más estilo que yo…

Vuelta al barquito a despertar al bello durmiente, desayuno y a la aventura otra vez, al embarcadero a aprovechar el ticket de 24 horas que habíamos comprado como pardillos el día anterior, no sin antes comprobar con la chica de la taquilla que los barcos funcionaban ese día. La chica nos dijo que claro, qué porqué no iban a ir, cómo si fuese la idea más loca del mundo dudar de que un barcucho turístico fuese a navegar sobre un mar de placas de hielo, ya ves tú la ocurrencia. Pues sí, pues navegaba, pero sólo íbamos nosotros y la piloto y su asistente. Seguro que era por ser las horas tempranas del domingo

Volvimos a bajarnos en la isla de Djurgården pero esta vez en la segunda parada ya que llevábamos otro museo en mente (cruzamos los dedos para que no sea de barcos): el Skansen. El Skansen es famoso por ser el primer museo al aire libre del mundo, que ya tiene guasa que a las primeras criaturas terrestres en ocurrírsele la idea vivan en un país que se pasa medio año a bajo cero y con el sol apareciendo en fotos…

Yo tenía muchas ganas de visitar esta versión playmobil de Suecia y pagué con alegría otros 13 euros por entrar y ver cómo han representado al país en un poblado tradicional con absolutamente todos los detalles: las casitas, la iglesia, el mercado, el establo, la granja, la escuela, la feria…y cómo lo han completado con poblado sami, poblado suomi, una especie de zoológico de especies típicas escandinavas…

Skansen museum, museo Skansen

Así a lo tonto casi se nos fue el día entero en el Skansen (incluso comimos allí) y eso que muchas cosas estaban cerradas por la tontería ésta de que estuviera cayendo una tormenta de nieve. Retrospectivamente y ahora que no siento la sangre solidificándose en las venas y el moquillo permanente colgando diría que me alegro de que hiciese mal tiempo por dos motivos: uno, porque de haber estado todo abierto no hubiéramos llegado nunca a recorrer todo el área de museo, y dos, porque aún haciendo tiempo de no salir de la manta, ya se contaban unos 4 niños por metro cuadrado, todos enfundados en los trajes de astronauta esos que llevan los niños escandinavos…

Niño sueco en Skansen

En fin, que nos fuimos porque nos echaron, que si no yo aún estaría por allí buscando alces y osos (que los había, bien escondidos pero había) y embarcamos en un barco-bus normal (normal como sinónimo de “método de transporte que no es una trampa para turistas y en el cual con un ticket puedes usar todos los metros, buses y barco-buses de la ciudad durante 90 min por 4 euritos”) que nos llevó hasta Slussen, un área que une la ciudad vieja con la isla de Södermalm.

Decidimos continuar la tarde con una de las tradiciones suecas más importantes (fika: café, dulce y buena compañía), en señal de respeto a la cultura del país que visitábamos (esa era claramente nuestra principal motivación para sentar el culo y zamparnos un par de bollos de canela y cardamomo).

bollos de canela, bollos de cardamomo, bollos suecos. cinanmon roll, cardamom roll.
Kanelbulle, kardemummabulle…
Parece que estás insultando a alguien al decir los nombres…

Los que me conocéis sabéis que tomo muy seriamente el tema de organizar viajes y a algunos os ha tocado sufrir mis dossieres de 15 páginas con detalles hasta de las pausas para hacer pis. Con la edad (y las miradas asesinas) me he vuelto más flexible y he aprendido que los planes pueden cambiar un poquito y que a pesar de ello quizá el continuo espacio temporal del universo no se altere radicalmente destruyendo el mundo tal y como lo conocemos y generando escenarios postapocaliptícos. Quizá. Pero tampoco soy fan de ir corriendo riesgos innecesarios.

Digo esto porque mi dossier indicaba que esa tarde iríamos a ver música en directo en un pub folk con muy buena pinta. Pub que ese día en concreto había decidido cerrar dos horas antes de lo habitual, por joder. O porque era domingo, pero eso implicaría fallos en mi organización así que probablemente era sólo por joder. El caso es que nos quedamos sin plan y tuvimos que improvisar. IM-PRO-VI-SAR. Nada más de pensarlo se me pone la piel de gallina, oye…

Curiosamente, la improvisación nos salió muy bien: compramos uno de esos tickets de 90 minutos para usar el transporte público y nos dedicamos a visitar paradas de metro hasta que nos expiró el billete. Lo sé, no suena precisamente como una actividad apasionante, pero seguro que suena un poco mejor si digo que una artista sueca se ha dedicado a hacer maravillas con ellas y enseño unas fotitos. Hay más de 90 paradas en toda la red decoradas, pero una búsqueda rápida de Google nos chivó las mejores y las visitamos en el orden más eficiente posible acorde a las rutas de metro desde dónde estábamos (improvisación controlada, tampoco estamos to’ locos). Et voilà:

estaciones de metro en estocolmo, metro stations in Stockholm, colourful metro stations, estaciones de metro coloridas
Una señora con colorines que ha aprovechado bien los retrasos del metro…

Con el paseo en metro y una cena no especialmente interesante pero sí suculenta en nuestor barcotel (uno de los pocos sitios que aún servía comida a las 10 de la noche un domingo) pusimos fin al fin de semana en Estocolmo, ya que a la mañana siguiente tocaba volver al aeropuerto y a Edimburgo, a una realidad desprovista de albóndigas y tormentas de nieve…por ahora.

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Domingo en Estocolmo: rojo sobre blanco