Camping para principiantes aburguesados

Camping para principiantes aburguesados

Abro un precioso cuaderno que forma parte de un regalo de cumpleaños para empezar a escrbir una nueva aventura y me fijo en que la imagen de la portada es un chica con sombrero y la leyenda «The Hatter» y eso me lleva a pensar en «The Mad Hatter» (el sombrerero loco) y me empiezo a preguntar si el universo me está queriendo decir algo.

santoro, the hatter, once upon a time

Porque esta mañana, sentada en este tren a lo desconocido (bueno, a Galashiels, pero eso queda menos poético) he llegado a dos conclusiones importantes:

  1. Se me ha ido la olla (y creo que me gusta).
  2. Definitivamente necesito una mochila más grande. O un coche. *Pausa para consultar la cuenta del banco.* Pues ha ganado la mochila, por lo que sea. Pensándolo bien, no me puedo quejar mucho de mi pequeña 30-litros del Lidl que está arreando con la casa, el colchón, el nórdico, la almohada, el botiquín y una parte importante de la sección de por si acasos del armario.

3. Irse de aventura pesa. Sobretodo si tienes que ir preparada para sol, lluvia, frío y/ o viento.

backpack with tent, pillow and sleeping bag
Creando espacios infinitos: que no cabe por dentro, pues se ata por fuera…

Estas son mis conclusiones. La vuestra imagino que es que habéis descubierto que mi ida de olla consiste en hacer mi primera acampada en solitario. Como una ya se va acercando a una edad cobarde ha decidido empezar yendo a lo seguro: un sitio cercano con verde alrededor (Hawick), no muy lejos de casa (2h 30 min), accesible con transporte público (ya he dicho que irse de aventura pesa…) y en un camping seguro, tranquilo y familiar con mega reseñas en pitchup (el trip advisor de los que llevan la casa a cuestas). Fergus no viene porque aparte de que a mí me encantan estas aventuras en solitario y de que él no se encuentra muy bien, dónde yo veo la belleza de las estrellas, el misterio de los sonidos de la noche, el cantos de los pájaros al alba…él ve frío, bichos e insomnio. Y tengo que decir que su punto de vista suele encontrar más apoyos que el mío…

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Tras un ratito en tren y dos ratitos en autobús llegué a mi destino con toda la parafernalia a mi espalda y me dispuse a disfrutar de mi momento IKEA montando mi tienda de campaña yo solita. Y en ello estaba cuando entendí porqué venden martillitos en las secciones de camping de las tiendas de aventura…resulta que no todos los terrenos están lo suficientemente blanditos como para clavar las piquetas con las manos y que no todos los terrenos tiene piedras grandes para hacer de martillo. Tras dar unas pocas vueltas por el camping lo más «apañao» que había encontrado era un guijarro minúsculo y afilado. Tres cortes, cuatro refunfuños y medio litro de sudor después me di cuenta de que esa mini piedra no iba a funcionar (fue una epifanía lenta, lo sé).

Hora del plan B: buscar almas caritativas con martillos….y voilà:

2 people green tent toco 2 freedom trail
El gran martillo salvador. Y detrás mi tienda, que igual no la véis bien tras el martillo con ese color tan discreto que tiene…

Antes de abandonar mi nuevo hogar y lanzarme a lo salvaje quería devolverle el martillo a su legítimo dueño pero desistí de mi propósito cuando aprecié que iba proyectando una imagen un tanto psicópata: paseando entre las caravanas y escrutando las ventanas con un enorme martillo en la mano.

Dejé el martillo escondido y me dispuse a hacer lo que había venido a hacer allí: perderme en la naturaleza. Y debí hacer bastante bien eso de perderme porque en tres horas por el «Camino de las Abadías de los Borders» sólo vi a otro ser humano…

brown pony portrait
Solo por aclarar, este no es el ser humano al que me refería.

Aunque dista bastante de ser la ruta más bonita que he hecho tenía lo que iba buscando: el silecio roto solo por el discurrir del agua, el canto de las aves y la música del viento. Hablando de la música del viento, ésta estaba empezando a sonar a heavy metal: con fuerza y poder suficiente para hacer que me planteara si estaría a tiempo de buscarme una religión y aprenderme unas cuantas oraciones. No porque se me fuese a llevar el aire, que aparte de ser de buen comer tengo un metabolismo de tortuga enferma y el viento iba a tener que arreciar bastante para llevarse volando mis formas orondas. Lo que me preocupaba era mi tienda de campaña, bastante más enclenque y sujeta al suelo con las (escasas) habilidades de servidora…

Pero como dice el libro que me estoy leyendo la única opción es seguir caminando (Wild, increíblemente apropiado para irse de camping: en el primer capítulo la chiquilla pierde las botas de trekking en mitad de una ruta de 1000 millas de montaña…). Así que siguiendo las sabias enseñanzas de alguien que casi la palma haciendo senderismo, seguí caminando. Al fin y al cabo, después de 7 años viviendo en Escocia, no puedo permitir que la lluvia y el viento me amedrenten.

hawick green and yellow landscape
Me gusta esta foto, me parece que podría ser una pintura impresionista. Aunque yo hubiera pintado el cielo con menos nubes, por eso de estar yo debajo y tal…

Después de 17600 pasos según mi reloj y 57800 según mi dolor de pies caminando a la vera del río llegué a un pueblecillo cuco en el que me dispuse a inyectarme un café en vena. Dormir en mitad del campo, pase, pero pasar un día sin café…ni que hubiéramos perdido la cabeza…

Así que sentada en los sillones de Cream Puff en Denholm y con un mocha delante escribo estos párrafos, mientras espero a que las plantas de mis pies dejen de pedir auxilio…

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Lo malo de ir a un sitio es que luego tienes que volver (o no, pero no estoy preparada para iniciar una nueva vida en Denholm). Lo bueno es que la técnica es sencilla: un paso izquierdo, un paso derecho, y así repetidamente. Lo afortunado es llegar a una parada de autobús que mira tú por donde para enfrente del camping y te ahorra los últimos kilómetros de carretera bajo la lluvia y con la temperatura haciendo un descenso en picado de unos 10 grados menos que antes del café…

Y ya que me he ahorrado unos kilometrillos pues aprovecho y descan…jejeje, os lo habéis tragado pardillos, ya descansaremos cuando estemos muertos. Aprovecho y recorro un espacio verde a las afueras del camping con una colección de plantas que me hace dudar si de alguna forma me he teletransportado a una jungla tropical. Apoyando esta teoría, la lluvia abandona su sutileza para dejarme claro que ya sí que va siendo hora de volver a casa (o a ese trapo verde e inflado que esta noche llamo hogar).

jungla tropical escocesa
La clásica jungla tropical escocesa.

Siendo esta una acampada «de transición» (no es un hotel de 4 estrellas pero tampoco pura naturaleza salvaje) disfruto de ciertos lujos: agua corriente, un baño limpio, una ducha caliente…no hay kettle para hacerme un té calentito pero lo perdono porque soy española de nacimiento y escocesa solo de tardía adopción. Así que aquí estoy, cenada, duchada y en pijama, escribiendo esto más feliz que una perdiz en mi pequeña tienda gris (mayormente es verde, pero verde no rima).

Como chica moderna que soy me había descargado una peli de Netflix para ver offline, siempre preparada para eventualidades como que no haya buena señal o wifi. La eventualidad que no tuve en cuenta es que la toma de corriente que yo había contratado en el camping no era lo que yo pensaba. Sigo sin saber qué es pero ahora ya sé que los enhufes de tres pinchos que cargan móviles ahí no entran…He de expandir mis conocimientos eléctricos en el futuro, pero de momento lo que debo hacer es guardar el móvil antes de quedarme sin batería y leer hasta dormirme….Son las 9.30 de la noche.

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Dos y media de la mañana. Me despierta el sonido del mundo derrumbándose. Presto un poco más de atención y me doy cuenta de que sólo es un ronquido. Inhumano y atronador, pero un ronquido. Ah…los dulces sonidos de la naturaleza…

Decido aprovechar que estoy despierta para ir al baño, aunque en realidad es una excusa para alejarme de los ronquidos, que salen de una tienda compartida por dos señoras y dos perros, tres de ellos durmiendo tranquilamente ajenos al hecho de que el cuarto es en realidad un engendro del averno. En ese paseo nocturno recuerdo porqué estoy aquí: para una escéptica descreída, observar la grandeza del firmamento en un silencio apenas quebrado por el silbar del viento meciendo las hojas de los árboles es lo más parecido que existe a la magia…

Con una sonrisa alelada volví a la cama y me dormí hasta que una inclemente y desconsiderada alarma me trajo de vuelta al mundo de los vivos acórdandome de la madre que parió a quien fuese que pone alarmas a las 6.30 de la mañana estando de vacaciones. Lo siento, mamá. Es que era viernes, y suele estar automática…

Ya que tenía los ojos abiertos (el cerebro no abre hasta el primer café) aproveché para traerme un super desayuno a la cama (o lo que es lo mismo, sacar un sandwich de salami de la mochila al lado del saco de dormir). Abrí la puerta al mundo mientras ingería un café y dos capítulos más de Wild (la historia de la señora que cree que todos los problemas se arreglan andando hasta que se te caigan las uñas de los pies). Aseo rápido, ropa de persona, y a mover el corazón. Decidí explorar un poco más a fondo el área alrededor del camping, que le había visto potencial.

Una hora más tarde estaba de vuelta, pensando en lo contenta que estaba de haber explorado el bosque-jungla, descubierto un montón de aves y plantas que no conocía e incluso atisbado a dos cervatillos corriendo cuando un señor con cara de rico poderoso paró su jeep junto a mí para informarme rudamente de que estaba en propiedad privada, como claramente se indicaba en la entrada. En ese momento me avergoncé y pedí perdón, intentando explicar que no me había dado cuenta y que ya me iba, pero el señor no parecía especialmente comprensivo. Después mi vergüenza se convirtió un poquito en enfado porque:

  1. Como bien me informó Fergus, la ley escocesa estipula (muy resumidamente) algo así como que no se pueden poner puertas al campo.
  2. Foto de la entrada donde «claramente se indica que es propiedad privada».
private property
Premio para quién encuentre la señal de «Private Property» (Propiedad privada)

Y bueno, que me quiten lo bailao…Además estar un poco enrrabietada me vino bien para empaquetar todo con más brío, que buena falta me hacía para volver reducir a un tamaño razonable mi casa portátil. Y con ella a cuestas me encaminé hacia Hawick, un pueblecito de unos 14000 habitantes que es super mono y tiene un entorno precioso y un río con garzas y me voy a comprar una casa con jardín allí, que valen más o menos igual que un baño en Edimburgo…Qué más da que haya más de dos horas de camino al trabajo o que la edad media del la población a ojímetro ronde los 67 años…

collage of pictures of Hawick
Y cuenta la leyenda que algunos días incluso sale el sol…

En todo esto pensaba yo mientras comía en The Mote (un montículo que en el siglo XII tenía un castillo y ahora un banco de metal), disfrutando de las vistas antes de emprender el trayecto de regreso a Edimburgo en un autobús dónde escribo estas líneas (que va a costar tela descifrar) y me distraigo observando fascinada la maestría de mi vecina de asiento, que se aplica pegamento y pestañas en un vehículo zigzagueando por carreteras secundarias a 80 kilómetros por hora…Y con tan glamurosa historia pongo punto y final a mi primera aventura de camping en solitario…

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